Reflexión sobre el misterio Pascual y la unción del Espíritu Santo como llamado a vivir la fe con coherencia, renovando la alianza con Dios y asumiendo la identidad cristiana desde el bautismo.
Oración colecta
"Dios todopoderoso y eterno, que por el misterio pascual renovaste tu alianza con la humanidad, concédenos vivir en nuestra vida lo que celebramos con fe. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén."
Por el misterio pascual, Dios ha restaurado su alianza con los hombres; por eso le pedimos que nos ayude a reflejar en nuestra vida lo que celebramos en la fe.
Hoy el Señor nos invita a fortalecer la fe y a confiar plenamente en Él. En la escena de la pesca milagrosa, sus palabras calman los temores de los apóstoles y los llevan a vivir un encuentro cercano y fraterno con su presencia.
De las Catequesis de Jerusalén La unción del Espíritu Santo
Al ser bautizados en Cristo y revestidos de Él, hemos recibido una condición semejante a la del Hijo de Dios. Así, participamos de su unción y somos llamados también “ungidos”, pues compartimos su misma dignidad espiritual.
Recibimos esta condición al ser marcados por el Espíritu Santo, como imagen de Cristo. Así como Él fue ungido tras su bautismo en el Jordán, también nosotros participamos de esa gracia divina.
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De igual manera, al salir de la fuente bautismal, recibimos el crisma, signo del Espíritu Santo. Como lo anuncia el profeta Isaías, esta unción nos capacita para llevar la buena noticia, especialmente a los más necesitados.
Cristo no fue ungido con aceite material, sino con el Espíritu Santo, siendo consagrado por el Padre como salvador del mundo. Así lo confirma la Escritura al señalar que Dios lo ungió con poder y plenitud espiritual.
Esta unción es un gozo espiritual, obra del Espíritu Santo. Nosotros, al recibir el signo visible, participamos de esa misma realidad divina que nos une a Cristo.
No se trata de un signo común: así como el pan eucarístico deja de ser pan ordinario, el ungüento consagrado se convierte en signo vivo de la gracia. A través de esta unción visible, el alma es transformada y santificada por el Espíritu Santo.