Señal de la Cruz
La Hospitalidad -a la manera
de la familia de Marta, María
y Lázaro- como Camino Eclesial
Oración inicial
Gloriosa Santa Marta, me acojo bajo tu protección y en prueba de mi afecto y confianza te presento mis súplicas. Consuélame en mis penas e intercede por mí y por toda mi familia, para que no nos falte lo necesario, la bendición material y espiritual, la riqueza del amor, el valor de vivir y el aprecio por el trabajo, fuente de nuestro bienestar; haz que conservemos siempre el santo temor de Dios y confiados en tu ayuda superemos las aflicciones que nos aquejan.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Texto bíblico: Hebreos 13,1-2
“Perseveren en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que, gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles”.
Palabra del Señor.
Meditación
Nadie tiene a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre, decía San Cipriano de Cartago. Marta se convierte en figura de la Iglesia que como casa de Dios congrega en su seno a su pueblo, reuniéndolo de entre todas las naciones del orbe de la tierra. La fuerza que une a este pueblo es la gracia que mana del costado de Cristo, que muriendo en la cruz y resucitando al tercer día, ha establecido una alianza nueva y eterna sellada con su sangre y coronada con su victoria sobre la muerte.
Marta, que recibe a Jesús en su casa, es una anticipación de la Iglesia que acoge la voz de su Señor y se alimenta de su Palabra. En Marta está presente la Iglesia que acoge en Jesús a los pobres de todos los tiempos; es la casa donde se recobran las fuerzas, donde se sacia el hambre de justicia, donde las lágrimas son enjugadas, donde la muerte es vencida por la abundancia de la vida, donde el hombre es liberado de la mentira y vive de la verdad.
La hospitalidad de Betania es modelo de Iglesia abierta. San Basilio dice: “El que acoge al pobre, acoge a Dios mismo”.
Que la contemplación de la alegría de la casa de Betania nos recuerde que, como Santa Marta, hemos de abrir la puerta de nuestro corazón a la vida de quienes necesitan nuestra fraterna solidaridad.
Propósito: Practicar la acogida en nuestra Iglesia diocesana y en nuestras vidas.
Oración: Señor, enséñanos a recibirte en cada hermano, a hacer de nuestro corazón un hogar de la esperanza, como lo hiciste en el corazón de Santa Marta.
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Marta, amiga del Señor sé tú nuestra
esperanza, alcánzanos, abogada la
pureza y santo amor
Tierna y escogida flor, de Jesús esposa
amada, alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
De estirpe esclarecida y ricos padres naciste, a Jesucristo serviste
como esclava rendida, este es el noble esplendor que más te
ilustra y agrada. Alcánzanos, abogada,
la pureza y santo amor.
Fuiste azucena tan pura, que desde la edad temprana
pisaste el lujo vano del mundo con su locura así, víctima
del amor, a Dios quedas consagrada. alcánzanos, abogada,
la pureza y santo amor.
En esta inocente vida maestra de perfección, te entregaste a la oración con voluntad muy rendida: admira tanto fervor en niña tan delicada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Ciego de saña inhumana el judaísmo procura pervertir
alma tan pura al saber que eras cristiana
confundiste con valor su terquedad obstinada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Tu corazón con anhelo es reloj de sol divino, que a todas horas muy fino se sigue con propio celo: de aquella fragua y ardor sales más acrisolada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
En expresión amorosa del que es la verdad constante, fue María muy amante y Marta muy oficiosa, cuando el mismo Salvador hospedó en vuestra morada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Lloró el Redentor sagrado al oír tu amargo llanto, y de tu hermana el quebranto ya Lázaro sepultado fineza de superior compasión extremada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
A su voz imperiosa de la muerte obedecida, vuelve Lázaro a la vida con novedad asombrosa no pudo con más primor quedar tu fe así premiada. Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Son desvelos finos, fruto y prueba nada escasa esta Iglesia y esta casa hospital de peregrinos
seguro tiene fervor el que en ella halla posada Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Desde aquí a toda dolencia, flujo de sangre, dolores, y a los tristes pecadores se dibuje tu asistencia: cesa en fin todo temor luego que eres invocada.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Si la intempestiva guerra a nuestra patria devora, por tan grande intercesora logra la paz esta tierra pues eres la que destierra la discordia y el furor.
Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
A quien en asunto apretado de la agonía te implora por su amante protectora oye con propicio agrado, libra a todos del horror de una muerte desgraciada. Alcánzanos, abogada, la pureza y santo amor.
Oración final
eñor Dios, Padre de misericordia y de toda consolación, que en Santa Marta nos diste un modelo de hospitalidad, fe y servicio, te damos gracias por los dones recibidos de tu amor y por los frutos que esperamos en esta Novena.
Tú que escuchaste la súplica confiada de Marta cuando te pidió por la vida de su hermano Lázaro (cf. Jn 11,21-22), atiende también nuestras oraciones y necesidades.
Fortalece nuestra fe en los momentos de prueba, ensancha nuestro corazón en el amor a los demás, y mantennos fieles en la esperanza de la vida eterna.
Por intercesión de Santa Marta, Maestra de vida y de fe, haz que sepamos reconocerte siempre presente en nuestra vida, en la Eucaristía, en los pobres y en los que sufren.
Oh Gloriosa Santa Marta, haz que te tengamos como maestra de vida y de fe, que seamos discípulos de quien nos ha dado vida y esperanza.
Danos, Gloriosa Santa Marta, un corazón capaz de acoger al Señor de la vida y que, al final de nuestro peregrinar, podamos contemplar junto a ti el rostro radiante del Señor de la Gloria.
Amén.
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