La ciudad se tiñe de oro este febrero con la floración anticipada del guayacán en plena sequía.
En Santa Marta, febrero no solo representa altas temperaturas y brisa constante, también marca el inicio de uno de los espectáculos naturales más llamativos del año: la floración del roble amarillo, conocido en la región como cañaguate.
Esta especie, identificada científicamente como Handroanthus chryseus (antes Tabebuia chrysea), es propia de los bosques secos tropicales y se adapta con facilidad al clima cálido del Caribe. Durante la temporada seca pierde sus hojas para conservar agua y, en un corto periodo, sus ramas desnudas se cubren completamente de flores amarillas intensas.
Un manto dorado cubre a Santa Marta 🌼🌞
— El Informador Santa Marta (@ElInformador_SM) February 18, 2026
Los robles amarillos están en su punto y convierten cada rincón en una postal natural irresistible. Sus flores intensas, que brotan en plena temporada seca, duran pocos días pero dejan una imagen inolvidable en la ciudad.
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El fenómeno, que se extiende entre febrero y marzo, transforma parques, avenidas y el Centro Histórico en una postal dorada. En sectores cercanos a la Catedral Basílica de Santa Marta, los pétalos caídos forman alfombras naturales que atraen a residentes y turistas.
La floración suele durar apenas algunos días, dependiendo de las condiciones climáticas, lo que convierte este momento en un espectáculo efímero que anuncia la transición hacia los meses previos a las primeras lluvias del año.
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