Con el rabo entre las piernas

Columnas de Opinión
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“Cuando el gobernante pierde la vergüenza, los gobernados le pierden el respeto” (Refrán popular) 
Durante los últimos días Colombia observa estupefacta e impertérrita cómo cada día surgen y se conocen las estupideces y sandeces manifestadas por el payaso orense, el presidente tal vez más indigno que ha ocupado el solio de Bolívar, quien desde el inicio de su gobierno ha pregonado que solamente gobierna para los eunucos que votaron por él y no para todos los colombianos, -como tiene que ser-, recalcando que sus infortunios administrativos iban dirigidos a quienes pensaban como él, es decir, aquellos lunáticos que sucumbieron a sus lisonjas y que aun en estos tiempos, conociendo sus desafueros gubernamentales, siguen creyendo en sus idioteces y  tonterías y quienes no tardarán mucho en aterrizar a la realidad y darse cuenta que su gobierno ha sido el más incoherente y absurdo de la historia, inclusive superando en impopularidad al funesto José Manuel Marroquín aquel que recibió un país y terminó entregando dos, cuando decidió vender el Istmo de Panamá. 

Dedicó todo el tiempo de su período para sembrar el odio y la división entre los colombianos, siempre impulsado por la debilidad mental y emocional de hacerse sentir como un estadista cuando no ha pasado de ser un fanfarrón y payasote que con su estilo risible y cantinflesco creíase un cómico irredento y alejado de la cruda realidad que ha tenido que soportar y vivir al pueblo que terminó convirtiéndolo en el hazmerreír de la patria boba que él mismo se encargó de construir, y llamaba a sus contradictores con cualquier cantidad de epítetos para resaltar que él era quien mandaba y hasta en la propia casa de Nariño lo irrespetaron.

Ha sido tan vergonzoso su período de gobierno que nunca llegó temprano ni a tiempo a cuánto compromiso debía asistir, en la comarca o allende las fronteras, al punto que el chiste para resaltar su irresponsabilidad es cuando se comenta que va a llegar tarde hasta su propio funeral, y cuando salía de la geografía nacional aprovechaba para darse sus momentos de asuetos, los que sembraron un halito de desconfianza sobre su comportamiento, poniendo a pensar a gran parte del pueblo sobre si padecía alguna enfermedad biológica que lo hacía parecer como una piltrafa humana, bien por la dipsomanía, una tara biológica o sencillamente su desorden emocional, -afectivo o personal-, en donde se entrecruzaron sus sentimientos y la vergüenza que causaba verlo vestido con un jean descalzurriado y una chaqueta roja que lo hacía parecer como un borrachito de cabaret de pueblo o burdel de carretera.

Han sido cuatro largos años de ignominia y vergüenza los que ha padecido un pueblo que sembró sus sueños en alguien que ofreció un gobierno del cambio y en verdad que lo logró, en razón a que el país terminó de desparramarse e irse de derrier para el estanco y por ello recibió el más  fuerte latigazo y la muenda electoral que le dieron tanto en primera como en segunda vuelta, cuanto él se creía vencedor absoluto y  su marioneta Ivancito lo supliría en la presidencia para, según el flojo candidato, continuar con sus logros políticos.

Después del catastrófico descalabro electoral, tanto al ridículo expresidente como a su amanuense de turno, se les ocurrió la brillante idea de desconocer los resultados del 31 de mayo y 21 de junio de 2026 e inclusive llamar irresponsablemente a la desobediencia civil de la población que como una rebaño bastardo lo sigue de manera irreflexiva, hecho que ni quita ni pone, por cuanto la horda de seguidores, con el paso de los días, han aceptado que esa brillante estupidez no es más que pataleo de ahogado y se sienten y muestran con el rabo entre las piernas.
Columna de Opinión e-mail: jmartinnoriega@hotmail.com

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