Decálogo para perder la presidencia

Columnas de Opinión
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El presidente Gustavo Petro Urrego (2022-2026), ha dado en la última semana una cátedra de cómo perder las elecciones presidenciales.

Las equivocaciones han sido de tal magnitud, que si cualquier asesor o estratega político quisiera escribir un decálogo, tendría material suficiente en los errores cometidos por el presidente, el candidato Iván Cepeda, y su campaña. El apoyo del Gobierno terminó convirtiéndose en una sumatoria de errores, improvisaciones, contradicciones, y mensajes equivocados que han despertado el descontento de una buena parte de los colombianos. Los errores podrían resumirse de la siguiente manera.

Primero: desconocer la realidad y el resultado electoral

En Colombia, la política actual se encuentra profundamente polarizada, de manera que, los ciudadanos esperan transparencia y humildad. Cuando el presidente expone e insiste en la idea de que los resultados del 31 de mayo son producto de conspiraciones, manipulaciones e injerencias externas, o peor aún, de un fraude por parte de la campaña del candidato Abelardo De La Espriella sin prueba alguna, –lo cual fue desmentido por la Registraduría Nacional del Estado Civil, y la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE UE),–en lugar de reconocer la derrota, y el claro mensaje de los ciudadanos en las urnas, corre el riesgo de alejar aún más a los votantes indecisos.

Segundo: involucrar a la Selección Colombia en cuestiones políticas

La Selección Colombia es prácticamente una institución, y sin importar las circunstancias, es aquello que alegra el alma de la colombianidad, en otras palabras, la Selección y la camiseta amarilla es uno de los pocos símbolos capaces de unir a los colombianos en torno a una misma causa, sin importar la ideología política o el origen socioeconómico. Es un error cuestionar el uso de la camiseta de la Selección Colombia al candidato presidencial Abelardo De La Espriella. La situación se agrava, cuando el 3 de junio, la jueza Aura Luz Forero, del Juzgado 120 Penal Municipal con Función de Conocimiento de Bogotá decretó una medida provisional de cumplimiento inmediato que prohíbe al candidato presidencial Abelardo De La Espriella y a su movimiento político Defensores de la Patria utilizar la camiseta oficial de la Selección Colombia en actos de campaña, publicidad, redes sociales, etc. mientras se resuelve de fondo una acción de tutela interpuesta por el ciudadano Wilman Bocanegra. Todo lo anterior, termina por generar el efecto contrario, que no es más que la indignación de los ciudadanos y la percepción de que se pretende controlar incluso las expresiones más espontáneas de patriotismo.

Tercero: Entrar en controversia con los símbolos nacionales

El pasado 2 de junio, los simpatizantes del candidato Iván Cepeda interceptaron el bus de la Selección Colombia en Bogotá, exigiendo al conductor que activara la bocina bajo la consigna “el que no pite no pasa” para permitirle avanzar, y salir del bloqueo. Como si fuera poco, aprovecharon la ocasión para pegar publicidad electoral del candidato en las partes laterales del bus y en el parabrisas. Lo anterior, –además de innecesario– puede ser percibido como un ataque al sentimiento nacional. En política, enfrentarse a los símbolos que generan identidad y unidad rara vez producen ganancias electorales.

Cuarto: proponer una Asamblea Constituyente y luego retroceder

Desde el año 2024, el presidente Petro ha venido insistiendo en cambiar la Constitución Política de 1991 mediante una Asamblea Constituyente para superar lo que considera un “bloqueo institucional”, contradiciendo su promesa de campaña escrita en mármol de no convocar a una Asamblea Constituyente. Luego de los resultados electorales del 31 de mayo, el 4 de junio, el gobierno y el candidato Iván Cepeda anunciaron que dejaban de impulsar la iniciativa y suspendían el proceso de recolección de apoyos. Lo anterior podría entenderse como improvisación, y desesperación por parte del gobierno y su candidato luego de la derrota en las urnas. Una Constituyente no debería convertirse en bandera de campaña.

Quinto: no asistir a los debates

Los debates presidenciales son el escenario ideal para confrontar las ideas, y las propuestas de los candidatos. La ciudadanía reclama debates, y negarse a participar tal vez refleja miedo, prepotencia, o falta de preparación. Pretender debatir luego de un resultado adverso, además imponiendo condiciones, denota desespero y termina por agravar la imagen del candidato del gobierno Iván Cepeda.

Sexto: el presidente como jefe de campaña

La Constitución y la ley exigen que el Presidente se abstenga de participar en la contienda electoral. Cuando el presidente Petro funge como el principal vocero, y jefe de debate del candidato Iván cepeda, se genera la idea de que se están quebrantando los límites entre la administración pública, y la contienda electoral. 

Séptimo: convertir cada crítica en un enemigo

Una campaña que responde a toda crítica con descalificaciones termina –no solo generando animadversión–, sino que todo aquel que no esté de acuerdo con las ideas de campaña, termina siendo enemigo por pensar distinto. Los ciudadanos esperan respuestas, y argumentos, no insultos. Nada aleja más a los sectores moderados que la confrontación constante, y el ataque personal al opositor.

Octavo: gobernar pensando en su base electoral

Estas elecciones se ganan conquistando el centro político. Cuando una campaña se concentra exclusivamente en satisfacer a sus simpatizantes y militantes abandona la tarea de persuadir a quienes aún no han decidido por quién votar. Así, la campaña renuncia a la conquista de millones de votos potenciales.

Noveno: cambiar el discurso según el momento

Los electores pueden perdonar algunos errores, pero escasamente perdonan las contradicciones. Una propuesta defendida hoy, y abandonada mañana genera incertidumbre sobre qué haría realmente un gobierno llegado el momento de tomar decisiones. Por ejemplo, el anuncio de una Asamblea Constituyente y luego desestimarla con base en los resultados electorales, o cuando se rechazan los debates presidenciales y luego se exigen. Lo anterior, confunde a los ciudadanos, pues no se sabe realmente que está pensando el gobierno y su candidato, y de paso transmite improvisación, debilidad o simple oportunismo. 

Décimo: subestimar a la opinión pública

El ciudadano observa, compara, y saca sus propias conclusiones. Creer que la opinión pública no tiene memoria en una contienda electoral como la actual es un grave error. Las contradicciones, la improvisación, y las señales de arrogancia se pagan en las urnas. 

Reflexiones finales

La candidatura de Iván Cepeda quedó subordinada a la figura del presidente. Cepeda no parecía tener independencia y llegó a percibirse como una extensión política de Gustavo Petro. El candidato no logró conquistar al electorado. Petro, además de ser el presidente fue percibido por los ciudadanos como candidato. Los errores y fracasos del gobierno terminaron por afectar la campaña de Iván Cepeda.

Ahora bien, existe una vieja manía en la política colombiana de atribuir las derrotas propias a intereses ocultos, conspiraciones o campañas de desprestigio, pero nunca a los propios desaciertos, ni a las promesas incumplidas o la falta de aptitud para gobernar.

En definitiva, las elecciones no se pierden por un único acontecimiento, sino por la sumatoria de errores, y decisiones equivocadas. Los mensajes contradictorios, y la desconexión con el sentimiento popular son factores que influyen en el imaginario colectivo a la hora de elegir. Petro y Cepeda escribieron, –sin proponérselo– el más efectivo decálogo para perder la presidencia.