Las encuestas ya no son solo la foto del momento. Empiezan a mostrar para dónde va la elección. Ya no se trata de quién va de primero, sino de quién puede construir mayorías.
Iván Cepeda encabeza varios sondeos en primera vuelta. Eso es claro, pero no alcanza para afirmar que la elección está definida. Cuando se miran las cifras -como en la medición de AtlasIntel para Semana, una de las firmas internacionales más reconocidas- la lectura cambia: no hay una ventaja consolidada, sino un escenario abierto.
La suma de campañas afines, por fuera de su espectro político -en especial las cercanas a Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia- no solo lo alcanza, sino que en algunos escenarios incluso supera el 50 %. Ese es el dato que concentra la atención.
En sistemas de doble vuelta la lógica es clara: no gana quien lidera, sino quien logra sumar. Y hoy la suma empieza a moverse en otra dirección, marcando el ritmo de la campaña y la forma en que se están reconfigurando las alianzas.
No todas las encuestas dicen lo mismo. El Centro Nacional de Consultoría ha mostrado niveles más altos de favorabilidad para el gobierno y escenarios más ventajosos para Cepeda, incluso en segunda vuelta. No es menor que esta firma haya sido cuestionada por sus contratos con el Gobierno Nacional. No se invalidan sus resultados, pero obliga a leerlos con cautela.
En esa comparación aparecen matices que no pueden pasarse por alto. La más reciente encuesta de Invamer para Caracol Televisión muestra a Cepeda creciendo en primera vuelta, pero reduciendo sus márgenes en segunda.
Análisis como los de La Silla Vacía advierten lo mismo: liderar en primera vuelta no garantiza mayoría en segunda. Ese desfase entre una y otra medición es, precisamente, el punto que hoy define el debate electoral.
Cuando se comparan las mediciones, el panorama se abre. Hay márgenes estrechos y resultados lejos de estar definidos. La lectura deja de ser lineal y se convierte en una disputa abierta por el voto.
A eso se suma un elemento clave: la campaña de Cepeda muestra avances en las mediciones, pero no el mismo ritmo en su despliegue político. En política, no basta con crecer en las encuestas; también hay que ocupar el espacio.
El contraste es evidente. El crecimiento en primera vuelta no se traduce necesariamente en una ventaja sólida en segunda. Y ese es el punto crítico del momento electoral. Incluso al interior de la administración hay señales de alerta. Las declaraciones de Angie Rodríguez reflejan preocupación frente a una elección que no está asegurada.
Aquí hay tres variables que hoy están definiendo la elección.
La primera es la capacidad de articular el voto no oficialista. La segunda es el desgaste del liderazgo. La tercera es la percepción: las campañas se mueven por la opinión y por la estructura.
Dar por definida la elección es un error. Colombia no está frente a un resultado asegurado. Aún hay margen para que el resultado cambie en la recta final.
La primera vuelta ordena: la segunda decide.
Al final, en política, las mayorías no se anuncian, se construyen. Nada está dicho aún. El resultado dependerá de quién logre sumar mejor en el momento decisivo.
Columna de Opinión
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