El acoso laboral

Columnas de Opinión
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En 1991, las relaciones en el trabajo cambiaron en los Estados Unidos.  Yo estaba recién inmigrado, y trabajaba para un gobierno local, donde era normal que después del trabajo tomáramos cerveza y jugábamos billar, y además, hacíamos fiestas.  Este ambiente se prestaba para muchas cosas, pero no trascendía a lo legal, más allá de los divorcios.

La audiencia de confirmación del magistrado de la Corte Suprema, Clarence Thomas, acusado de acoso sexual por Anita Hill, cambió tanto el comportamiento de los empleados como el del empleador.  La audiencia tuvo notoriedad nacional y fue televisada, y hasta donde recuerdo, fue bastante traumática para el país.  Se acabaron las fiestas de la oficina, las idas a tomar cerveza y a jugar billar.  La complicidad fue sustituida por el temor en las relaciones hombre y mujer.  El tema del acoso laboral, en su cariz sexual, tomó relevancia, y la responsabilidad legal podría extenderse también a las empresas. 

Desde ese entonces, hasta la fecha presente, las empresas permanentemente entrenan a todos los empleados a identificar, denunciar y hacer uso de los protocolos de recursos humanos.  Las políticas son claras con respecto a lo que es permisible en el lugar de trabajo.  Y ojo, que, en lo concerniente al acoso sexual, los hombres también podemos ser víctimas.

El tema genérico del acoso laboral, y el más común, es el maltrato verbal.  Por alguna razón, a la gente no le parece tan grave, cuando en realidad, este maltrato tiene consecuencias a nivel emocional y psicológico en el abusado; bastante extendido en América Latina.

El acoso laboral se configura cuando se crea un ambiente hostil de trabajo para una persona en los términos descritos.  El acoso sexual incluye no solo avances o contacto físico, sino además comentarios, chistes, imágenes y cosas por el estilo.  Se puede ser objeto directo del acoso, y en este caso la conducta debe ser no querida por el acosado; solo hay un caso, en el cual incluso de ser querida puede crear problemas legales, y es en los casos en que el acosado es subordinado del acosador.  En los Estados Unidos se conoce como Quid Pro Quo, es decir, que incluso si el subordinado dice si, el jefe debería entender no.  La subordinación precluye el libre consentimiento.

O se puede ser víctima indirecta, como, por ejemplo, un chiste contado a un grupo de amigos en el trabajo y escuchado por un tercero ajeno, empleado también, que se siente ofendido.  Y hay casos, en que el acoso puede provenir no de un empleado, por ejemplo, de un cliente, lo cual exige que la entidad actúe para proteger al empleado. El cambio legislativo, a su vez reflejado en las políticas empresariales tuvieron un impacto importante al redefinir las relaciones laborales.  Como todo, ha tenido efectos positivos y algunos no tantos.  Ahora, el aspecto cultural debe ser tenido en cuenta, ya que lo que es aceptado en una sociedad, no necesariamente lo es en otra.  Las sociedades latinas somos de mucho contacto físico.  Por ejemplo, donde hoy vivo, la profesora de uno de mis hijos, lo abraza y le da besos.  En los Estados Unidos esto sería impensable.

Quizás este aspecto cultural, a pesar de que hay normas sobre el acoso, hacen difícil crear en Colombia, la cultura esterilizada que evite los ambientes hostiles.  Cuando se escucha al presidente del país, hablar de sincronía del clítoris y el cerebro de la mujer para lograr cosas, uno entiende que estamos lejos todavía.  Este comentario en otros países, sería acoso punible.  Es ofensivo.

Las familias impactadas por escándalos de acoso sexual, como le sucedió recientemente a dos conocidos periodistas, y la conmoción que causan al interior de las empresas, deberían ser suficientes para que reflexionemos sobre el tema.  Lo primero es siempre encontrar la verdad y proteger a las víctimas.  Los culpables, si los hay, deben asumir sus culpas. 

Por otro lado, los errores humanos no tienen por qué destruir a una familia, y no debemos olvidarnos de que los verdaderos amigos no abandonan, sino que precisamente están cercanos cuando nos hemos equivocado.
Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com

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