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‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’: legado de Rulfo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



“¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda!”, le recomendó Álvaro Mutis a su amigo Gabriel García Márquez. El futuro nobel colombiano, que en ese tiempo tenía 32 años, estableció así contacto con ‘Pedro Páramo’, y no pudo eludir la influencia de su autor: Juan Rulfo.

     El escritor mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno siempre afirmó haber nacido el 16 de mayo de 1918 en la localidad de Apulco y no en Sayula, como aparece en muchas biografías. Su padre fue asesinado cuando él tenía seis años; dos años más tarde murió su madre. No tuvo estudios universitarios, no obstante haber intentado el ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México, primero para cursar Derecho y posteriormente, Filosofía y Letras. Sin embargo, fue fotógrafo destacado.

     Un hecho significativo en la historia de México es la Guerra de los Cristeros, ocurrida entre los años 1926 y 1929. Durante esta confrontación el presidente Plutarco Elías Calles puso en práctica una ley (Ley Calles) que quitaba algunos privilegios a la Iglesia, entre ellos la participación en política. El rechazo fue violento y los religiosos desencadenaron lo que se conoce también como ‘La Cristiada’, que al final dejó entre 50.000 y 200.000 muertos. Juan Rulfo apenas tenía diez años de edad y, como innumerables mexicanos, sufrió las consecuencias del mencionado conflicto armado.

     En 1953 Juan Rulfo publicó su obra ‘El llano en llamas’, colección de relatos en los cuales predomina el lenguaje conciso, característico de la prosa de este autor. El Llano inmenso sirve de escenario despoblado en el que los personajes rumian su desamparo y confirman su desesperanza. La soledad de Rulfo se reparte entre las narraciones de ‘El llano en llamas’. Es la soledad que el autor lleva guardada en el alma y que expone como un recurso inútil para exorcizarla. Su temperamento introvertido logra en parte sacar a flote la forma de ver la vida. Con descripciones descarnadas, Rulfo retrata la aridez de los territorios que marcaron su infancia y su adolescencia, aunque  la matiza con un sutil humor negro que va de acuerdo con la realidad que percibe de su entorno regional. Comala, el pueblo centro de sus relatos, es un compendio de sus experiencias de muchos años como empleado de comisiones de estudios indigenistas. Algunos de esos relatos son: ‘La cuesta de las comadres’, ‘El hombre’, ‘Luvina’, ‘¿No oyes ladrar los perros?’, ‘Nos han dado la tierra’, ‘Talpa’ y ‘Diles que no me maten’. Rulfo quiso terminar una novela que llamaría ‘La cordillera’, pero abandonó ese proyecto.

     La desolación concentrada se vive en ‘Pedro Páramo’ (1955), novela que se inicia cuando Juan Preciado decide buscar a su padre para cumplir el compromiso que había hecho a su madre. Dice el personaje: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría”. ‘Pedro Páramo’ es la obra cumbre de Juan Rulfo. Su estructura aún no ha podido ser clasificada de acuerdo con los cánones de la novela tradicional. Voces, susurros y murmullos se mezclan en un pueblo deshabitado en donde los muertos son capaces de dialogar entre sí para ahogar de alguna manera el tedio reinante en el mundo de las ánimas en pena. ‘Pedro Páramo’ no es una obra que se entiende con la primera lectura. Es un ejemplo perfecto de lo que el crítico literario ruso Mijail Bajtin llama “carnavalización” en la literatura.

     Juan Rulfo recibió, entre otras distinciones, el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1970) y el Premio Príncipe de Asturias (1983). Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y Doctor honoris causa de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1985. Escribió guiones para cine. Murió el 7 de enero de 1986 en Ciudad de México.

     Sobre la recomendación que Álvaro Mutis hiciera a García Márquez, el escritor colombiano afirmó: “Aquella noche que leí ‘Pedro Páramo’ no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Al día siguiente leí ‘El llano en llamas’, y el asombro permaneció intacto”. Más tarde, en 1981, opinó: “El conocimiento de la obra de Juan Rulfo me dio el camino que buscaba para mis propios libros. Siempre vuelvo a releerlo completo y siempre vuelvo a ser víctima inocente del mismo asombro de la primera vez”.