Dictador narcoterrorista y criminal

Editorial
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Que triste y deplorable para los colombianos que a Petro el gobierno americano en cabeza del presidente Trump, lo haya desenmascarado ante el mundo, como un terrorista dictatorial.


En nuestro territorio lo teníamos identificado como tal, dado que solo se ha distinguido por sus vínculos con el narcotráfico, su prontuario criminal como guerrillero y su maldad que jamás ha podido ocultar; lo inimaginable es que estuviese al frente de la jefatura de estado, así haya llegado por la vía del fraude.

Lo peor para Colombia es que a pesar de su total desprestigio nacional e internacional, como buen dictador no quiere soltar el poder, sino por el contrario su objetivo es seguir en su desgobierno en cabeza propia o de uno de sus más cercanos secuaces.

Ya produjo el caos total en materia fiscal y económica; el sistema de salud lo colapsó;  el orden público se le salió de las manos;  las obras de carreteras se redujeron a solo buenos y fantasiosos propósitos como el puente elevado del Meta a la Costa Atlántica.

Todo se le va en palabrería y promesas, sin embargo, la lealtad y solidaridad ideológica comunista da lugar a que por ejemplo un reconocido líder de Podemos en España el

señor Monedero considere que los mejores discursos en la ONU han sido aquellos que ha pronunciado Petro. Respetable pronunciamiento, más absolutamente ajeno a la realidad política colombiana y al contexto internacional que rodea a Petro; tan solo lo apoyan sus amigos leninistas cómo Correa, la Kirchner, Diaz Canel, Ortega y Maduro.

Quizás esa clase de aseveraciones a su favor lo perturban de tal manera que él mismo está convencido de que su oratoria es ejemplar; hay que anotar que posee la facilidad de decir las cosas como lo hace un charlatán culebrero para engañar a la gente.

Además, su autosuficiencia y egolatría fuera de lo normal, ha llegado a tal extremo de que a su juicio es el líder de los líderes. La verdad es que se ha convertido en el mandatario rey de burlas en los noticieros internacionales; de otra parte, su conducta impresentable y negativa como adicto a la droga, también es vox populi.

El hecho verdaderamente preocupante va a ser el efecto directo para nuestros compatriotas por razón de las medidas que tome el gobierno americano, en lo referente a aranceles. De igual manera nos afectará el recorte de la ayuda financiera cuyo aporte ha sido de 11.000 millones de dólares con el plan Colombia, que, desde hace muchos años, nos venía prestando Estados Unidos, con destino a nuestras fuerzas militares y la policía.

Estamos identificados con la posición de David Luna, una figura sobresaliente entre los candidatos presidenciales en el sentido de que “Petro debe cuanto antes separarse del gobierno madurista, manifestando que no lo reconoce por ser ilegitimo”. “La paz no se construye premiando el crimen”.

Su proceso de paz lo repetimos ha sido un fracaso total. Por tanto, los diálogos con los movimientos subversivos deben suspenderse, al igual que los contactos con la mafia, los cuales ha venido haciendo su hermano y su ministro de justicia Eduardo Montealegre.

Montealegre, obviamente como narco marxista consumado, defiende a Petro su jefe político, les da preponderancia a los mafiosos y quiere pasar un proyecto de ley como política criminal con miras a favorecerlos; qué peligro tener un ministro que acompañe al presidente en la destrucción de Colombia.

Petro desesperado ha reducido los recursos de la registraduría y la defensoría del pueblo, habida cuenta de que esos despachos están actuando en forma independiente y en consecuencia no son de sus afectos.

La posición de Petro con respecto al Premio Nobel de María Corina Machado, deja translucir su mezquindad. Felicita a otro Premio Nobel, pero no se atreve a hacerlo con la venezolana, con sobrados méritos para obtener ese

galardón. Simplemente con ello una vez más nos muestra su amistad con Maduro.

Con motivo de las elecciones que se acaban de realizar para los Consejos de la Juventud, Petro recibió la primera paliza electoral, que ojalá sea el presagio de aquello que sucederá en el 2026 en los comicios presidenciales y legislativos, ya que se requiere una mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes, con el fin de que podamos reconstruir el nuevo país.

Petro al observar que no dispone de un caudal de votos con vistas a lograr sus objetivos políticos personales y como jefe del Pacto Histórico, es posible que tome la vía del sátrapa, de argumentar que no habrá elecciones, dada la circunstancia grave de orden público, que su gobierno ha creado. De esa manera extiende violando la Constitución su período presidencial.

No es de extrañar de su parte una decisión de esa naturaleza.

 

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