Una esperanza que no muere

Editorial
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Después de un año de guerra, en donde los muertos ascienden a cifras muy altas sin que sean autorizadas por los gobiernos de Ucrania y Rusia,  hay familias ucranianas que siguen separadas por la ocupación rusa de amplias zonas del sur y el este, y dependen de breves llamadas telefónicas con interrupciones con sus seres queridos a la espera una victoria que proporcione la reunificación.


Una de las peores facetas de la guerra, es la familiar; ver cómo se separan familias por esta violencia, es desgarrador, más cuando la separación es dolorosa por la lejanía y la falta de contacto con los familiares, que se ven en la necesidad de emigrar para salvaguardar  sus vidas.

Hace más de un año  que familias, padres con hijos, abuelos con nietos; madres y hermanos que no ven ni se comunican, debido a la atrocidad de la guerra interpuesta por las fuerzas rusas en los primeros días de la invasión, en Ucrania. La comunicación es complicada, pues los operadores móviles ucranianos ya no tienen cobertura y las llamadas de voz realizadas a través de servicios de mensajería como Telegram, suelen interrumpirse abruptamente antes del minuto de conversación.

Ya los ucranianos, sobre todo los de mayor edad, se han ido acostumbrando al miedo y a la desconfianza, llegando incluso a convertirse en expertos en distinguir distintos tipos de armamento, solamente  escuchando el sonido de las explosiones. La gente en los territorios ocupados tiene miedo de contar por teléfono lo que ocurre, sin saber si sus mensajes y llamadas están siendo interceptados, pero la situación en Skadovsk es complicada. Está claro que, por lo que hacen los rusos, saben que no van a quedarse mucho tiempo; mientras los servicios públicos están decayendo y los robos  y saqueos por parte de las fuerzas invasoras son frecuentes, situación que atemoriza a los ciudadanos diariamente. 

Se ha llegado a casos como que los oficiales conducen coches extranjeros que han quitado a los vecinos y los soldados rasos están robando autos viejos, además de un gran número de embarcaciones en las ciudades  costeras, enviado el producto de sus fechorías a Crimea.

Muchos residentes han huido en viajes extenuantes, arriesgados y costosos cruzando el frente o atravesando países vecinos; otros, se quedan cuidando de sus ancianos padres y no quieren abandonar sus casas, porque temen que sean usadas como cuartel por las tropas rusas. Por ahora, mantienen la esperanza de que las fuerzas ucranianas retomen pronto la localidad, aunque temen que entonces se verían obligados a marcharse, pues los rusos podrían bombardear Skadovsk como están haciendo con Jersón.

La crueldad de la guerra también se muestra en las mujeres embarazadas y con  hijos, que también han sido separadas de sus padres, reacios a abandonar sus hogares y que no esperaban una conquista tan rápida por parte de los rusos. En algunos casos es la primera vez en sus vidas que han estado separadas de ellos tanto tiempo. Así como también sufren los rigores de la guerra, con la pérdida de vidas valiosas, también, para poder comunicarse con sus familiares, tienen que llamar a un número ruso a través de una aplicación de prepago por internet, algo que se trata de hacer todos los días aunque sea costoso.

Las fuerzas rusas cortaron la conexión a internet, pues tampoco quieren que se publiquen detalles que puedan identificar a su familia y como es obvio  les preocupaba que los vecinos pudieran proporcionar coordenadas y otras informaciones al Ejército ucraniano. Una de las salidas que han encontrado las familias ucranianas, residentes en los territorios ocupados, es presionar para solicitar la nacionalidad rusa y obtener un mejor acceso a trabajos y ayudas sociales del Estado. Hay muchos "orcos" -un término derogatorio usado para referirse a los rusos-, posiblemente más que los habitantes originales. Estos buscan casas vacías para instalarse, así que los ucranianos tienen que ir de forma regular a las casas de sus familiares para mostrar que no está abandonada.

Y así transcurre el diario vivir de las familias ucranianas en territorios ocupados por las fuerzas rusas, desde hace un año, justamente. Viven  de un día para otro y esperan que todo termine pronto y que pronto puedan vivir una vez más juntos en paz.

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