Retahíla ideológica que aleja amigos

Editorial
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Definitivamente el presidente colombiano Gustavo Petro, le sobra  tiempo y en sus ratos de ocio se dedica a molestar a los países vecinos y no vecinos, con su retahíla ideológica que lo va dejando sin amigos, terminando con las relaciones diplomáticas y  recibiendo mensajes, como de  que se ponga a gobernar en vez de estar metiendo su nariz roja en asuntos internos de otros países.

El conflicto que ha armado Petro con Perú, ya tiene otros ribetes; todo comenzó con la inconformidad de las principales autoridades ante la posición del gobernante colombiano de criticar a la policía peruana y  a las mismas autoridades, que toman decisiones difíciles después del autogolpe de Estado que dio el entonces presidente, Pedro Castillo, quien ante el mundo entero, disolvió el Parlamento peruano,  la cámara, intentar gobernar por decreto e intervenir en la Judicatura, anuncios que lo llevaron a la cárcel, donde está a buen resguardo y desde donde busca el presidente Petro, sacarlo.

Los peruanos no se quedaron quietos y actuando en democracia, apoyaron a su nueva presidenta, Dina Boluarte, fórmula vicepresidencial de Castillo, y por ende, vicepresidenta en el momento en que Castillo quería erigirse como dictador.

Y ahí comenzó todo este novelón incensario para dos pueblos hermanos, que han llevado unas relaciones estables y de hermandad. A reglón seguido, la ex candidata presidencial, Keiko Fujimori, le exigió al presidente Petro que no metiera “sus narices rojas comunista” en el Perú, por que ya este país había pasado y vencido el terrorismo en todos sus órdenes; seguidamente el Congreso de ese país, lo declaró persona non grata, situación que fue refrendada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, y ahora sigue, en este entramado diplomático, la presidenta Dina Boluarte.

Boluarte, le pidió a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, que se dedique a gobernar y deje de estar azuzando a la población peruana que participa en protestas antigubernamentales desde diciembre pasado. Aquí vale la pena recordar que este siempre ha sido el accionar del presidente, utilizado como arma contra el gobernante de turno, para poner en peligro la democracia y desestabilizar los gobiernos, como intentó con el ex presidente Duque, sacando  a la calle a los violentos a marchar, destruyendo bienes de uso público y privado, en las manifestaciones auspiciadas por el entonces candidato presidencial.

Boluarte fue muy clara y expresó que “yo desde acá le digo al señor Petro que se dedique a gobernar Colombia, que también sus calles se están llenando de protestas y que nos deje a nosotros los peruanos resolver los nuestros". La gobernante señaló que “lamenta mucho que ciertos presidentes de la región opinen sobre la crisis política y social que afronta Perú, que ha dejado 70 personas muertas; estas declaraciones son tristes para mi país. Yo creo que no es ajeno para él la situación política que estamos viviendo, y desde afuera seguir azuzando a la población peruana es triste, rechazamos todo tipo de injerencia hacia nuestra historia”.

Todas las afirmaciones anteriores son verdades, y por lo tanto, el presidente Petro debe dejar que los peruanos sigan su curso y definan su destino institucional dentro del marco de la ley, como están tratando de hacer, en estos momentos delicados para ese país. 

Antes de las declaraciones de Boluarte, el pleno del Congreso peruano expresó su rechazo a las inaceptables expresiones del presidente colombiano, al considerar que estas constituyen una ofensa a la PNP, al Estado peruano y a todo el pueblo judío al banalizar el holocausto; por ese motivo, lo declaró persona non grata y exhortó a los ministerios de Interior y Exteriores a realizar las gestiones necesarias para garantizar que no ingrese al territorio nacional. El Parlamento también aprobó a fines del año pasado una moción en rechazo a los constantes actos de intromisión en los asuntos internos del país por parte de Petro y de su homólogo mexicano, Andrés Manuel Lóópez Obrador, quienes han salido en reiteradas ocasiones en defensa de Castillo, tras su fallido autogolpe.

No había necesidad de llegar a semejantes extremos; Colombia se está desprestigiando con ese nuevo tratamiento que recibe la figura presidencial, que además se suman a la misma declaración de persona non grata, al embajador mexicano en Lima, Pablo Monroy, y al expresidente boliviano, Evo Morales, por sus constantes incitaciones en la política nacional que buscan desequilibrar el orden interno del país.

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