DE Absolutismo marxista, populista y embaucador

Editorial
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Por desgracia, en este momento, los colombianos estamos en un Estado totalitario y sobre ello no hay duda alguna, a cuya cabeza se encuentra un déspota; en consecuencia, se han restringido las libertades individuales, de expresión, de contradicción por cuanto el presidente Petro se cree un Mesías bajado del cielo y consecuentemente, es el único que posee la verdad y la razón, características propias de los tiranos. 

Esta forma de gobierno gira alrededor de un líder, así ha sido en Europa con Lenin, Stalin y ahora Putin entre los comunistas y así mismo en América con Fidel Castro, Allende, Ortega, Chávez, Lula, Maduro, López Obrador, Castillo, Boric, y ahora, Petro, igualmente, con ideología marxista. El que no está con ellos es fascista o nazista o hitleriano. Estos censurables y crueles regímenes a pesar de que eran igualmente atroces, no causaron tantas muertes como los comunistas. 

El mayor genocidio en el mundo es producto de los 110 millones de muertos de Stalin, Mao y Lenin contra los 8 millones de Hitler. Por estos hechos macabros, en septiembre de 2019, el parlamento europeo produjo la resolución condenatoria al comunismo la cual rechazaron vehementemente los leninistas. En estas dictaduras marxistas todo el poder se concentra en cabeza de una persona, predomina un solo liderazgo; presiden un país por la vía de la violencia en un golpe de estado o por la vía de la elección como está sucediendo últimamente, valiéndose del buen manejo de los softwares electorales. Así nos pasó en Colombia. 

Ciertamente estas direcciones totalitarias reprimen los derechos humanos y se hace únicamente lo que quiere el Jefe de Estado opresor. En nuestro caso cada día se nota más el autoritarismo, el ejercicio del mando abusivo all imponer a toda costa sus puntos de vista, por cuanto no le importa al mandatario la opinión de los demás. Es su voz, su parecer y su decisión lo único que cuenta; es decir, la concepción dictatorial del Estado. 

En la controversia con la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, relacionada con el Metro, el presidente Petro insiste en que se haga la obra subterránea sin importarle que su capricho les costará a los bogotanos más de 12 billones de pesos; esto es una cuantía semejante a la reforma tributaria y anunció que va a viajar a la China, otro costo adicional, a efecto de que pueda él finiquitar su objetivo. 

Son actitudes intransigentes, arbitrarias y absurdas es el proceder normal de los autócratas. Como quiera que en el Parlamento su poderío y dominio inicial lo está perdiendo, entonces defenderá sus reformas en la calle a semejanza de Chávez; es el populismo extremista. Además, tratando de buscar enfrentamientos callejeros con los opositores, imitando los círculos bolivarianos de Venezuela o los comités de defensa de la revolución de Cuba y Cataluña en España. Entre las mujeres,  la Minagricultura, Cecilia López, es la única sensata por su experiencia ministerial. Las otras simplemente son fichas presidenciales cuya valía es la afinidad política con el presidente Petro; pero, eso sí, con una porfía y terquedad a todo trance. 

Contra las encuestas, las posiciones cuerdas y científicas de los médicos, el sorpresivo pero serio concepto del ministro Gaviria de Educación con más de un lustro en la cartera de sanidad; la ministra de Salud, Carolina Corcho, tan solo piensa en acabar con nuestro buen sistema de salud. Su experiencia en ese campo es haber logrado quebrar la empresa de salud del Distrito de Bogotá en la época en que fue alcalde Petro. Por tanto, no le es difícil que repita lo mismo a nivel nacional. La ministra Irene Vélez, una mina en filosofía, a cargo del área más productiva de Colombia cuales son las minas de verdad y los hidrocarburos, cumple lo que ha dicho su jefe y por tanto no habrá exploración ni explotación de petróleo ni de gas. Ya se redujo el valor de la acción de Ecopetrol, el panorama que ella nos presenta es desolador y empezaremos a importar gas a Venezuela, con unos sobrecostos inimaginables. En fin, se está vislumbrando hasta apagones; es decir, la oscuridad reina donde brillaba el oro palpable que nos generaba esta industria. 

Esos son los cambios que nos ofrece la Colombia Humana, todo es retroceso, ruina y deterioro. No es que nos parezcamos a Venezuela es que ya estamos sintiendo los efectos del cumplimiento de la franquicia en nuestro territorio. 

Como dijo el columnista Felipe Zuleta, no se necesitaron cuatro años para ver la destrucción de la nación, pues en seis meses ya lo estamos percibiendo.



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