Han pasado seis meses de gobierno de izquierda, primero en la democracia de Colombia, y en este tiempo el país ha vivido todo aquello que el presidente Petro prometió que no pasaría en su gobierno de paz total.
Los colombianos siguen sufriendo de los azote de la violencia con masacres en diferentes regiones del país; marchas y protestas, con espacios de casi dos meses; paros y ceses de actividades del gremio productivo; rechazo de los grupos subversivos a los diálogos de paz en Caracas; viajes presidenciales a la orden del día, con la Primera Dama encabezando numerosas delegaciones a coste de los colombianos y reformas que se han salido de cualquier contexto, como está anunciado que sucederá con las de salud, trabajo y pensión, incluidas en el Plan de Desarrollo del cuatrienio presidencial, que será presentado al Congreso de la República.
Petro cumplió seis meses en el Gobierno, un periodo marcado también por las polémicas sobre todos sus cuestionados ministros y embajadores, que, gracias a alianzas formadas con partidos de casi todo el espectro político, ha gobernado sin oposición y así logró que el Congreso aprobara el año pasado la controvertida reforma tributaria y espera conseguir este año otras tres no menos discutidas: la de salud, laboral y la de seguridad social. Sin embargo, el afán de protagonismo empieza a desgastarlo ante la opinión pública, inquieta además por el alcance de las reformas que presentará al Congreso en estos días y de las cuales se conocen propuestas pero no los textos definitivos de los proyectos, lo que ha motivado críticas a varios de sus ministros.En el centro de las polémicas están sus ministras de Salud, Carolina Corcho, y de Minas y Energía, Irene Vélez, cuestionadas por su empeño en transformar el sistema sanitario y la política energética del país, no siempre con el rigor científico y técnico necesario; pero lejos de buscar consensos sobre los cambios, Corcho y Vélez intentan imponer una agenda en la que actúan como activistas y no como ministras. El presidente ganó con una agenda de cambio, con unas propuestas que buscaban transformar la realidad de los colombianos; pero, se fue encontrando con que una cosa es ganar la Presidencia y otra es tener el poder realmente, y en el caso de la ministra Vélez, para eso está poder, para mantener a una ministra que no sabe en dónde está parada, lamentablemente, en una de las carteras más importantes para el país.
Las reformas de Petro, buscan pasar la página del modelo neoliberal implantado en la década de 1990 en casi toda América Latina, y aunque es innegable que se necesitan cambios, la crítica es que quiera comenzar prácticamente de cero en asuntos como la salud. Lo más irónico de la situación, es que las críticas provienen desde el interior del gobierno, ya que el ministro de Educación, ex ministro de Salud, defendió el actual sistema de salud, descalificando a su compañera de gabinete.
Con la reforma de las pensiones, este gobierno intenta asegurar jubilaciones vitalicias dignas, como sucede en la actualidad para los colombianos; mientras, que la laboral busca poner fin a la precariedad de los contratos en un país donde abundan los temporales, algo que ya inclusive, dejaron de insistir, ante los voces autorizadas que dieron a entender el peligro de cancelar y dejar cesantes a millones de colombianos que trabajan bajo la figura de contrato de prestación de servicios.
En su defensa de las reformas, Petro, atrincherado en su cuenta de Twitter, lanza dardos a diario contra quien cuestione su Gobierno, comenzando por la prensa. En estos seis meses hemos visto un presidente que ha recurrido a esta red social, con el propósito de mandar mensajes más claros a la comunidad y eso es una falla.
Lo más grave de este problema es el tire y jale que tiene con la prensa; la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, alertó la semana pasada que con muchos de los tuits, el presidente pretende sembrar la duda ante la audiencia sobre la idoneidad de la prensa. En sus publicaciones, el presidente hace correcciones, réplicas o reproches a medios de comunicación por la manera en la que cubren a su Gobierno. También ha calificado la información periodística como falsa y ha replicado mensajes de terceros que se refieren a periodistas de manera desobligante y burlona. Y la pelea continúa.
El afán de Petro por imponer su visión de las reformas lo está desgastando no solo con la opinión pública sino incluso con sus aliados políticos, algunos de los cuales han manifestado su disconformidad con la conducción de los proyectos. El presidente ha ido gastando sus dos capitales políticos; el que tiene en el Congreso y el de las calles donde no hay que olvidar que él ganó con una Colombia muy dividida, lo que seguramente le dio propiedad, para hacer el llamado a la gente para que salga a las calles en defensa de sus reformas el próximo 14 de febrero, un día antes de una protesta convocada por la oposición, estrategia que aumenta la polarización.