Narrativas que informan y desinforman

Editorial
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Ahora que está por acabarse este año 2022, que trajo cosas buenas y algunas no muy buenas, vale la pena resaltar que hay mensajes que causaron gran impacto en el mundo y América, que terminaron afectando de una u otra forma, el diario vivir de los ciudadanos.

Es así que, mensajes con contenido engañoso sobre el conflicto en Ucrania y teorías  sobre la existencia de fraude electoral en los comicios presidenciales de Colombia y Brasil generaron ruido y confusión en las redes sociales este año en América Latina.
En este año fueron cinco  las narrativas de la desinformación que predominaron en los contenidos desmentidos o confirmados por diferentes agencias de prensa, alrededor del mundo.
La primera narrativa y que tiene que ver con nuestro país, fue la información sobre  las elecciones presidenciales de Colombia y Brasil, que  tuvieron similitudes con las narrativas de fraude que espoleó el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, 2017-2021, cuando perdió las elecciones hace dos años y que él mismo revivió en los recién celebrados comicios de medio mandato en Estados Unidos.
En Brasil, los contenidos buscaron  e informaron sobre legitimar y deslegitimar el sistema de urnas electrónicas, implementado en el país desde 1996 y que nunca tuvo denuncias de fraude comprobadas, pero que ha estado en el ojo del huracán por la desconfianza sembrada por el presidente saliente, Jair Bolsonaro.
Mucho ruido causó este problema por la veracidad que se tejió en torno a este lio; por ejemplo, cuando se investigó que los modelos de urnas electrónicas anteriores al de 2020 no hubieran pasado por auditorías y pruebas de seguridad, después de que así lo afirmara un informe publicitado por el consultor Fernando Cerimedo, dueño de la Derecha Diario y afín a Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente.
Las urnas pasan por auditorías previas y posteriores a la elección, auditorías del código fuente del "software", que se puso a disposición un año antes para inspección de múltiples actores, entre otros exámenes, como recoge la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos, OEA.
Una fórmula similar para comunicar sobre la legitimación o desprestigiar a las instituciones electorales también se utilizó en las elecciones presidenciales de Colombia, en las que múltiples mensajes apoyaban la narrativa de que el "software" electoral estaba  corrupto. Sin embargo, los "softwares" que se utilizan en el escrutinio son para asistir en la automatización de los resultados oficiales y hasta ahora no han recibido denuncias formales de fraude, por el accionar del Registrador Vega que fue muy hábil.
Otra narrativa que hizo mucho ruido, fue la desinformación sobre la guerra de Rusia contra Ucrania que también explosionó en América Latina, con decenas de videos e imágenes manipuladas que en muchos casos circularon primero en Telegram en otros idiomas para después saltar en español a otras redes sociales.
Los mensajes virales giraron en torno a teorías conspirativas antiestadounidenses, como la creencia de que EE.UU. tenía laboratorios con armas biológicas en Ucrania y desinformación para desacreditar a las víctimas de Ucrania, mientras que la propaganda ucraniana promovía un discurso épico de resistencia, con héroes cuya existencia no ha podido ser demostrada.
Un análisis del Laboratorio de Investigación Forense Digital del Atlantic Council, DFRLab, en inglés, encontró que en los países latinoamericanos, RT en Español es el tercer dominio más compartido en Twitter en cuanto a publicaciones en ese idioma que tratan el conflicto ruso en Ucrania.
El atentado frustrado el pasado 1 de septiembre a la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirschner, generó un alud de desinformación en toda la región, en el que la mayoría de mensajes querían demostrar que todo había sido un montaje. En este caso se desmintió, por ejemplo, que el atacante de Fernández usara una pistola de agua, ya que la información oficial identificó el arma como una Bersa Lusber 84, calibre 32 automática, de acuerdo con el Ministerio de Seguridad, y además los videos no permitían establecer que saliera agua del arma.
La vicepresidenta tampoco aparecía en una fotografía de 2016 en compañía del hombre acusado de intentar asesinarla, el sujeto de la imagen era en realidad un joven militante que participó ese año en una reunión de estudiantes con Fernández. Y era falso también que medios argentinos informan sobre el ataque horas antes de que ocurriera, como lo demostró el código Html de sus páginas, que contradecía los mensajes en redes basados en un indicador variable de Google.
El plebiscito sobre la propuesta de nueva Constitución chilena, en el que ganó la opción del rechazo el pasado 4 de septiembre, supuso una campaña de noticias falsas que se centró tanto en el contenido del texto como en ataques personales, como los dirigidos a la expresidenta de la convención redactora del texto, Elisa Loncón.

Algunas de las narrativas de la desinformación de este año emulan y mantienen el espíritu de mensajes engañosos que ya se encontraban en las redes en 2021, como las referentes a las elecciones, mientras que otras, como las del conflicto bélico, renuevan y mejoran las técnicas de los desinformadores, con publicaciones que saltan de un país a otro de la región latinoamericana en cuestión de minutos. 

No todo lo que circula en redes es verdad; como tampoco es mentira, lo importante es saber diferenciar y mantenerse informado desde diversos puntos.

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