Vecinos poco dados a entenderse

Editorial
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Las relaciones entre Chile y Bolivia han pasado por altibajos frecuentes en los últimos 40 años, desde momentos de buen entendimiento durante las dictaduras de Augusto Pinochet (1973-1990) y Hugo Banzer (1971-1978), hasta la crisis profunda entre los Gobiernos de Evo Morales (2006-2019) y Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018).

La Corte Internacional de Justicia, CIJ, de La Haya subrayó en su fallo que "no está llamada a tomar ninguna decisión" sobre la disputa entre Bolivia y Chile por las aguas del Silala ya que las partes están de acuerdo en que se trata de un cauce internacional. El cierre de este caso ofrece una oportunidad importante para que ambos países avancen hacia una etapa en su relación bilateral. El fallo entrega certeza jurídica y establece un buen piso para construir una agenda más positiva que la de la última década.

Tras el caso del Silala, que es el último tema conflictivo de la agenda de política exterior nacional, se deberá estructurar otra relación con Chile; es ahora que se debe iniciar una nueva etapa de las relaciones entre ambos países y se vuelva al ámbito político para tratar los temas pendientes.

Las relaciones bilaterales, que en algún momento eran políticas, se han judicializado a partir de la demanda de Bolivia, presentada en 2013, por su centenaria reclamación de acceso soberano al océano Pacífico, perdido a manos de Chile tras la Guerra del Pacífico, en 1879, y continuaron por la misma senda cuando Chile presentó la suya en 2018 por las aguas del Silala.

En el caso del Silala la novedad es que Chile, que históricamente había sido siempre reactivo, se anticipó y demandó a Bolivia frente a la advertencia que hizo el entonces presidente boliviano, Evo Morales, de ir al tribunal La Haya y eso tomó por sorpresa a Bolivia.

La demanda marítima, resuelta en los tribunales internacionales a favor de Chile en 2018, ha sido la principal razón de las tensiones históricas entre ambos países; este episodio cristalizó un ciclo eminentemente conflictivo entre Santiago y La Paz.

Por el lado chileno, estuvieron los cancilleres Alfredo Moreno y Heraldo Muñoz, quienes mantuvieron una retórica muy fuerte y agresiva y, por parte de Bolivia, fue principalmente Morales quien lideró la campaña de agresiones verbales en ese período.

Durante la primera Administración de Bachelet ambos países acordaron una agenda de 13 puntos, propuesta por la entonces presidenta, que buscaba colocar otros temas (relaciones comerciales, uso del agua, etc.), más allá de la demanda marítima, pero se topó con un problema de expectativas. A Chile le interesaban todos los temas y menos el del mar, mientras que para Bolivia este era su principal prioridad y los otros eran secundarios.

Los acercamientos importantes iniciales por afinidad ideológica de Boric con su homólogo boliviano, Luis Arce, cambiaron luego de que el presidente chileno declarara en marzo, sobre la relación con La Paz, que Chile no negocia su soberanía. Arce respondió diciendo que el tema marítimo es irrenunciable y que las relaciones diplomáticas se van a restablecer cuando se toque ese tema. La política exterior chilena es una política de Estado y no hay posibilidad de negociar nada que tenga que ver con la soberanía al margen de la Constitución chilena. Ese es uno de los problemas más delicados que se ha tenido en la negociación del mar.

Bolivia y Chile carecen de relaciones diplomáticas desde 1978, cuando fracasó un intento del Gobierno boliviano por recuperar una salida al mar y que provocó un acercamiento entre vecinos durante algunos años de las dictaduras de Hugo Banzer y Augusto Pinochet, respectivamente.

Otro momento de tensión ocurrió durante los Gobiernos de Ricardo Lagos (2000-2006) y Carlos Mesa (2003-2005), cuando el boliviano exigió a Argentina, que entonces vendía gas a Chile, no traspasar a Santiago ni una molécula del hidrocarburo que Bolivia le vendía para atenuar su crisis energética; el gas se convirtió en un arma de presión contra Chile para acceder al mar.

De los tres vecinos de Chile, la relación más descuidada y en la que los actores no han llegado a acuerdos mínimos es con Bolivia. La expresión plena de diplomacia entre dos Estados es el intercambio de embajadores y eso aún no ha pasado. Hasta ahora ambos mantienen relaciones exclusivamente a nivel consular, lo que es impresionante tratándose de países vecinos.

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