Llegó el tiempo y fue justamente cuando la región de América Latina está lista para enfrentar otros retos; el año entrante, esta importante región de la que también hace parte Colombia, contará con la oportunidad de comenzar a recuperar parte del terreno perdido en las últimas décadas como destino de inversión extranjera y como un actor global de peso.
Varios son los factores que influyen positivamente en este aspecto y algunos de ellos están cerca físicamente, como otros, lejos. Es así que en el contexto geopolítico, con Occidente sumido en la pugna por la primacía con China y con la invasión rusa de Ucrania, se supone una gran oportunidad para una región que ha perdido influencia y poder económico en las últimas décadas. Es así que la transición energética y una larga historia de valores compartidos hacen que haya un argumento muy convincente en favor de una mayor implicación de Estados Unidos y Europa en la región, donde China ya se ha convertido en la potencia dominante.
Hay señales de que esto está siendo reconocido por cada vez más políticos y expertos en Washington, Bruselas y Londres; queda por ver si la nueva generación de líderes izquierdistas de la región aprovechará las oportunidades de una mayor implicación. En cualquier caso, hay que recordar que Estados Unidos y Europa llegan ya muy tarde. China se ha adelantado a Occidente para garantizar metales fundamentales para la transición energética como el litio o el cobre y comprando una gran parte de las exportaciones alimentarias de la región. El 58 % de las reservas identificadas en el mundo de litio -metal fundamental para las baterías- se halla en América Latina, así como el 41 % del cobre, el 24 % del níquel o el 39 % de la plata. Una posible razón para el optimismo es la presión sobre las cadenas de suministros globales, y la necesidad de EE.UU. de crear cadenas más locales.
El creciente impulso político en Estados Unidos para que las empresas relocalicen las cadenas de suministro más cerca de su mercado, así como los elevados costes de transporte desde Asia y el mayor riesgo de turbulencias geopolíticas, están animando a las compañías a relocalizar su producción en México, Centroamérica e incluso Sudamérica. Pese a ello, no pasa por alto la complicada situación macroeconómica, que hace que haya poco espacio fiscal para los programas de alivio, lo que beneficiará a los actores de fuera del ''establishment' político".
Las proyecciones son optimistas y América Latina se va a convertir en mucho más atractiva para las inversiones en la próxima década que en las dos anteriores. La prueba de ello es que el continente ha logrado superar la pandemia de la Covid-19, que le azotó especialmente, con unas instituciones sólidas y una democracia consolidada, que pese a todo se ve amenazada por los populismos.
En medio de la turbulencia política como la que afecta a Perú y de líderes radicales, los países latinoamericanos han conseguido levantar bancos centrales independientes e instituciones capaces de resistir los ataques.
La democracia electoral sigue siendo fuerte, pero hay una desconfianza creciente en las instituciones ya que hay una frustración creciente con la calidad de la democracia.