Los gobiernos y los gobernantes ante todo y sobre todo deben ser ejemplo para sus gobernados con el propósito de que los pueblos se sientan orgullosos de sus jefes de Estado, en consecuencia, quién sea elegido por sus compatriotas para ocupar la más alta posición política tiene que ser la persona más honesta, de más preparación intelectual, de mayor trayectoria en todos los campos, de una probidad moral inmaculada, con conocimiento geopolítico de su país y con una concepción clara de respeto por las Instituciones.
Quién posea esas cualidades humanas sin duda es garantía del buen proceder como Primer Mandatario. Ese es el ideal y siendo así podría resolver de la mejor manera los problemas normales en el ejercicio de su cargo; pero, qué difícil encontrar a ese ser humano que reúna esas condiciones personales. Sin embargo, los hemos tenido y por citar algunos de los últimos tiempos están Alberto Lleras, Carlos Lleras, Guillermo León Valencia, Julio Cesar Turbay, Alfonso López Michelsen, Virgilio Barco, Misael Pastrana, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque.
Pero naturalmente se requiere que se someta a las reglas del juego eleccionarias establecidas en cada nación y por tanto que lo favorezcan en las urnas; es decir, que resulte ganador en los comicios presidenciales. Todo lo anterior dentro de los sistemas democráticos, pero, cuando hay fraude electoral, esas virtudes que hemos comentado pasan a segundo plano y eso justamente nos ha sucedido en Colombia.
Esa es la razón por la cual tenemos como presidente a un exguerrillero cuya ideología bolchevique hace que sea populista, demagogo, que falsee la historia y mitómano por su convicción leninista. Su doctrina comunista la está poniendo en ejecución y consecuentemente nos está conduciendo a la pobreza y al caos total dentro del sistema dictatorial normal en este tipo de totalitarismos como en Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Sus actuaciones como dictador se aprecian cuando no respeta a las instituciones; por ejemplo, dejó a la más alta jerarquía castrense esperando para la ceremonia de ascensión del mando de los comandantes de las Fuerzas Militares. Cuando en igual forma no asiste a la posesión de magistrados de la Corte Constitucional; quedan en la mesa 60 puestos de la cena que ofrecía el presidente en honor a los magistrados elegidos. Cuando se involucra directamente en las empresas estatales poniendo sus fichas como directores contraviniendo las normas estatutarias; es el caso de
Ecopetrol y de la Federación de Cafeteros. Cuando crea su programa de comunicación con los colombianos al estilo ´Alo Presidente ́ del extinto dictador Chávez. Cuando no se presenta a foros con los campesinos, con los indígenas, con los banqueros, con los alcaldes los cuales han sido debida y previamente programados y aceptados por la Presidencia.
Pero en sus viajes al exterior igualmente no ha cumplido citas con jefes de Estado como sucedió con el Presidente Macron, de Francia, y el Presidente Biden, de los Estados Unidos; esas reuniones se acordaron con toda la anticipación como se acostumbra en el protocolo diplomático y es ciertamente algo preocupante lo que acontece con el Presidente Petro.
Aquí cabe recordar el episodio que contó Ingrid Betancur con motivo de su visita a Petro en Bruselas. Lo encontró en su apartamento en un estado depresivo, lamentable, tirado en el suelo absolutamente grogui. Esos incumplimientos no tienen explicación razonable ya que es una situación grave y ojalá no vuelvan a presentarse, debido a que sus asesores deben seguir interviniendo dando disculpas.
En un Estado de Derecho las ramas que componen el poder público son independientes. Cuando un presidente se inmiscuye en el órgano judicial está ejerciendo facultades dictatoriales. Eso no tiene antecedentes en nuestra nación. Entonces, liberar a los terroristas de la primera línea, asesinos de policías y torturadores que fueron encarcelados por decisión judicial, es un acto ilegítimo e ilegal. Peor aún para premiarlos como gestores de paz. Que mal ejemplo. Hay que defender los derechos humanos de la gente honrada y no tomar determinaciones a favor de los delincuentes.
¿Qué pensarán los jueces, los soldados y los policías? Han sido apresados no por marchar pacíficamente, ni por ejercer el derecho a la protesta sino por cometer delitos. El gobierno y el presidente con esos pronunciamientos de ponerse del lado de los malhechores pierde la confianza y la credibilidad entre sus conciudadanos.
Ahora sí nos damos cuenta en forma evidente de que estamos ante un gobierno que viola las más elementales normas de la juridicidad, de la moral y de la decencia; cada día que pasa se parece más a las dictaduras del socialismo del siglo XXI.