La pobreza en Colombia aumentó a un 39,8 % en 2020, por encima del promedio de América Latina y el Caribe, de 26,3 %, debido al impacto de la pandemia de Covid-19, mientras que las emisiones de gases de efecto invernadero fueron inferiores en comparación con la región.
Una pandemia deja, lastimosamente, secuelas que son difíciles de vencer, pero no imposibles; por ello, Colombia, no escapa de la situación mundial tras el contagio mundial que trajo atraso y pobreza como en otras partes del mundo.
Lo anterior se tradujo en que la pobreza extrema aumentó en 2020 en el país, cuando se situó en el 19,2 %, y también se mantuvo por encima de la media latinoamericana, que fue del 8,7 %. Por su parte, la población que vive en hogares completamente informales disminuyó del 62,6 % en 2010 al 52,2 % en 2018, aunque fue superior en comparación con el promedio de América Latina, de 36,3% en 2018.
En cuanto a los indicadores ambientales, se recoge que en Colombia en 2019 las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, per cápita fueron de 3,7 toneladas de dióxido de carbono equivalente, inferiores a los promedios latinoamericanos y de los países pertenecientes a la Ocde.
Un gas de efecto invernadero, GEI, es un gas que absorbe y emite radiación dentro del rango infrarrojo; este proceso es la fundamental causa del efecto invernadero. Los principales GEI en la atmósfera terrestre son el vapor de agua, H2O; el dióxido de carbono, CO2; el metano, CH4; el óxido nitroso, N2O y el ozono, O3. Sin los gases de efecto invernadero la temperatura promedio de la superficie terrestre sería de −18 °C, en lugar de la media actual de 15 °C. En el sistema solar, las atmósferas de Venus, Marte y Titán también albergan gases que causan un efecto invernadero.
Ahora bien, se ha estimado que si las emisiones de GEI continúan al ritmo actual, la temperatura de la superficie terrestre podría exceder los valores históricos tan pronto como 2047, con efectos potencialmente dañinos en los ecosistemas, la biodiversidad y peligrar la subsistencia de las personas en el planeta. Estimaciones de agosto de 2016 sugieren que de seguir la actual trayectoria de emisiones la Tierra podría superar el límite de 2 °C de calentamiento global, el límite señalado por el IPCC como un calentamiento global "peligroso", en 2036.
Desde mediados del siglo XX, los gases de efecto invernadero son los mayores responsables del cambio climático; con el aumento de la temperatura, se derriten los polos, sube el nivel del mar y las poblaciones costeras se ven afectadas. Los daños irreparables no paran ahí, la agricultura sufre y peligra la seguridad alimentaria. Los fenómenos climáticos son más intensos, frecuentes e impredecibles y según la ONU, Colombia es el tercer país del mundo más vulnerable frente al cambio climático. Todas las advertencias están dadas y todas las alarmas están prendidas, pero se avanza muy poco en este tema tan sensible para la estabilidad del mundo entero.
De otro lado, el país contaba para 2021 con una mayor extensión de áreas marinas protegidas, un 17,2 % frente a la media latinoamericana del 7,3 %, aunque sus ingresos fiscales relacionados con el medioambiente, del 0,6 % del Producto Interior Bruto, PIB, fueron inferiores en comparación con la media de la región.El país no se ha quedado atrás; el anterior gobierno nacional dejo en claro las estrategias de mitigación y adaptación a la crisis climática con las que cuenta Colombia y programas específicos como el proyecto de conservación Vida Manglar y la cooperación amazónica, así como la creación de la Coalición Global del Carbono Azul en 2022 para acelerar las inversiones en sumideros de carbono costeros. Además, Colombia en 2021 fue el primer país de América Latina y el Caribe en emitir bonos verdes en el mercado nacional y en publicar su Taxonomía Verde en 2022, mientras que está diseñando el Programa Nacional de Cuotas de Emisión Comercializables, que permitirá la venta y subasta de derechos de emisión y deberá estar implementado para 2030.
Entre las políticas que están avanzando a buen ritmo, vale la pena destacar, un impuesto para los plásticos de un solo uso, así como otras tarifas ambientales relacionadas con la matriz energética, lo que sin duda significa que hay que seguir trabajando y ejerciendo controles sobre las acciones que se toman para que se pueda cumplir con los objetivos propuestos.