Álvaro Uribe Vélez

Editorial
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Nos vamos a referir a un Presidente de Presidentes, quién desde niño soñaba con llegar a la Primera Magistratura del Estado. Expresaba su deseo a sus padres, familiares y amigos. Con el tiempo su sueño se materializaría en una realidad. A los 8 años se sabía de memoria los principales discursos de dos caudillos liberales: Jorge Eliécer Gaitán y Alberto Lleras, entre otras cosas dos de los mejores oradores que ha tenido nuestra república. En sus reuniones familiares y con gente de confianza dejaba translucir su memoria prodigiosa al discursear las palabras de esos dos prohombres del liberalismo.

Se trata de un insigne patriota, un trabajador incansable, un hombre de Estado, un defensor de las instituciones, un excelso orador, un claro expositor, un demócrata integral con una voluntad férrea y una personalidad atrayente. Así como le cabe el país en su cabeza, asimismo las cifras económicas las maneja con solvencia impresionante. El Presidente Julio César Turbay lo catalogaba como un animal político y esa apreciación coincide con lo que es y representa.
Álvaro Uribe fue el artífice de la presidencia de Juan Manuel Santos quién lo traicionó y del actual Jefe de Estado, Iván Duque. Su otro candidato Oscar Iván Zuluaga enfrentado a Santos perdió las elecciones en segunda vuelta pero ya sabemos las triquiñuelas, manejos subrepticios y métodos de baja calaña que se usaron para alcanzar esa reelección.

En su primera presidencia, ciertamente Colombia estaba reuniendo las condiciones de un Estado fallido. La Farc era una guerrilla envalentonada, con dinero de sobra producto del narcotráfico por consiguiente dotados de buen armamento. Produjeron ataques, tomas y destrucción de pueblos. Emboscadas con alevosía al Ejército. Había cerca de 350 municipios cuyos alcaldes despachaban en las capitales de los departamentos en oficinas cedidas por cada Gobernación. El Presidente Pastrana quiso hacer una paz negociada pero percibió que no podía negociar con unos bandidos que todos los días incumplían las pocas reglas de juego que se pactaban con el gobierno. En consecuencia tomó la acertada decisión de romper el proceso de negociación y pasar a la ofensiva militar. Entre tanto había logrado con el Plan Colombia que él auspició que se pudiese mejorar los equipos militares, disponer de más helicópteros de combate y consecuentemente tener unas Fuerzas Militares especialmente el Ejército con una mayor capacidad de combate.

El presidente Uribe estableció un impuesto al patrimonio cuyo destino era repotenciar al Ejército, de tal manera que las operaciones combinadas del Ejército de tierra, mar y aire en coordinación con la Policía empezaron a producir resultados inmediatos, causándole a las Farc bajas importantes de sus cabecillas y componentes del secretariado. En tres operaciones consecutivas cayeron en combate el jefe militar el ‘Mono Jojoy’, el encargado de las relaciones internacionales ‘Raúl Reyes’ y el reemplazo de ‘Tirofijo’ el comandante de las Farc ‘Alfonso Cano’. En consecuencia, el Ejército comenzó a dominar el teatro operacional, hasta el punto de que con la ‘Operación Jaque’ reconocida en el mundo como una de las más ingeniosas y contundentes desde el punto de vista de la inteligencia militar los dejó golpeados, desmoralizados y militarmente aniquilados.

Todo ello dio lugar a que se sentaran nuevamente a una mesa de negociación de la paz en el gobierno de Santos; con tan mala suerte para Colombia que al destaparse Santos se puso al lado del enemigo.
Entonces lo que no pudieron lograr con las armas lo consiguieron en esas conversaciones en las cuales se firmó, no la paz de los colombianos, sino la paz de Santos y la Farc. No ha habido paz por cuanto la Farc tenía la reserva estratégica cuales son las actuales disidencias que se encontraban en territorio venezolano con las armas que no entregaron. En igual forma se armaron con armamento de las caletas. No hubo justicia toda vez que ninguno de los que se entregaron ni siquiera ha estado incomunicado y menos aún privado de la libertad. Los del secretariado fueron premiados sin un voto con 10 curules 5 en la cámara y 5 en el Senado. No ha habido reparación a las víctimas. De más de 5.000 niños reclutados a la fuerza, entregaron un número irrisorio. Según la Farc eran infantes voluntarios. Tampoco señalaron las rutas del narcotráfico, ni han contado qué pasó con los secuestrados. En fin peor no ha podido ser. Todo para las Farc nada para los colombianos.

Igualmente Uribe a los paramilitares, contra su entrega, les aplicó la justicia con 7 años de detención y luego se extraditaron a los Estados Unidos a aquellos que siguieron delinquiendo. La oposición le criticó el hecho de que fuese una pena mínima. Ahora con las Farc todo se ha tragado entero.

El presidente Uribe se ha constituido en la muralla de resistencia a la deconstrucción de los comunistas. De ahí que todos los leninistas nacionales y extranjeros están lanza en ristre contra él. Con base en anónimos, calumnias e invenciones, sin pruebas, ni siquiera indicios quieren hacerlo juzgar y condenar. Ojalá la justicia obre no políticamente sino en derecho, puesto que de no ser así ganaría el castrochavismo esto es Cuba, Venezuela y las Farc. Perdería Colombia, la democracia y vendría la debacle institucional, el caos político y el porvenir incierto.


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