El panorama de nuestros hermanos venezolanos es bastante desolador. Los problemas de desabastecimiento que enfrenta Venezuela corren el peligro de agravarse por la suspensión de la producción de algunos alimentos como el atún enlatado y la avena, y el inminente riesgo de paralización que enfrenta la fabricación de aceite, jugos, gaseosas, azúcar y arroz, entre otros.
La industria de los alimentos enfrenta una situación extremadamente crítica ante los severos problemas de abastecimiento de materias primas, repuestos, insumos y materiales de empaque, añadiendo los problemas sociales, políticos y económicos que todos los días enfrentan los venezolanos.
La compleja situación del sector ha sido generada por la falta total de acceso a divisas, la deuda con los proveedores extranjeros que alcanza a 1.600 millones de dólares que llevó a la paralización de los créditos internacionales y la congelación y el rezago de los precios de algunos bienes controlados que no permiten cubrir los costos de producción.
La crisis que enfrenta la industria llevó a la suspensión de la producción de atún enlatado, gelatinas, salsa de tomate, bebidas en polvo, flan en polvo, avena, mortadela, carne enlatada para almuerzo, y quesos para untar. Ante los niveles críticos de inventarios hay un riesgo inminente de ser suspendida la producción de alimentos como el trigo, las gaseosas, el aceite, las galletas, los jugos, las salchichas, el azúcar, el arroz y la mayonesa. Para rematar este triste panorama.
Para solucionar esa crítica situación que atraviesa la producción de alimentos se requieren medidas inmediatas, y la industria está a la espera de una convocatoria del gobierno para proponer algunas salidas como el reconocimiento de la totalidad de la deuda comercial con los proveedores internacionales para lograr su refinanciamiento; la promoción del desarrollo agrícola local, y la adecuación de los productos con precios congelados al régimen del precio máximo de venta al público para cubrir los costos de producción, que seguramente en algo ayudaría.
Durante la última década el gobierno realizó numerosas expropiaciones y acordó una serie de medidas para aumentar el control sobre la industria de alimentos; pero en algunos rubros básicos el sector privado tiene una importante participación en el mercado.
No hay manera de eludir una crisis más compleja en las próximas semanas, que será inevitable ante la escasez de alimentos que alcanza niveles nunca vistos en el país y ante la caída de los precios del petróleo, que provee 96% de los ingresos que recibe el país por exportaciones, y los tiempos del circuito de importación, que se extienden entre dos y cinco meses. Venezuela tiene una alta dependencia de las importaciones A lo anterior se añade que la distribución sectorial de las divisas que acordó recientemente el gobierno como parte de la llamada 'acupuntura cambiaria' no resolverá los problemas de abastecimiento y por el contrario los agravará.
Desde finales del 2012 Venezuela enfrenta un fuerte desabastecimiento de diversos alimentos y medicinas que los analistas y empresarios asocian a una importante merma en la venta de divisas oficiales. El país suramericano mantiene un control de cambios y de precios desde el 2003. Además de los problemas de escasez, Venezuela enfrenta una desbordada inflación que alcanzó en septiembre pasado una tasa de 141,5%, y una severa recesión que el Fondo Monetario Internacional estima que podría alcanzar este año 8%.