Un compromiso de todos

Editorial
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Siguiendo con su afán renovador en la Iglesia Católica, el papa Francisco hizo un llamado para que esta sea mucho más descentralizada, en donde los laicos tengan una participación mucho mayor, las conferencias de obispos se encarguen de ciertos problemas e incluso se reconsidere el papado. Sin duda alguna toda una renovación dentro de la Institución más respetada del mundo.

 

Francisco hizo el llamado durante la ceremonia para celebrar el 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, un organismo consultativo que se formó durante el Concilio Vaticano Segundo con la intención específica de motivar precisamente un mayor episcopado en la gestión de la Iglesia al invitar a los obispos para que proporcionen su consejo a Roma.

Durante las últimas cinco décadas, el sínodo ha sido poco más que un encuentro para charlar, pero el pontífice ha buscado reinyectarle energía. Como resultado, la actual reunión en el Vaticano se ha vuelto polémica, con obispos conservadores y progresistas enfrentados por la pastoral familiar; algo que sin duda no se había visto nunca, pero que enrique y fortalece a la Iglesia Católica por que se pueden aportar diferentes opiniones que será para el beneficio de la misma Iglesia.

El proceso del Sínodo de la Familia se inicia cuando Francisco envió hace dos años cuestionarios a las familias católicas en todo el mundo para conocer su opinión: una fuerte señal de que los laicos católicos comunes tiene un papel importante en la gobernanza de la iglesia y la difusión de la fe, expresando que todos son Iglesia sin ninguna discriminación ya que no  sería posible hablar de la familia sin comprometer a las familias, escuchar sus gozos y esperanzas, su dolor y ansiedad.

Uno de los temas principales debatidos en el actual sínodo es si las conferencias individuales de obispos pueden tomar mayor responsabilidad al trazar estrategias pastorales para enfrentar temas como la pastoral a homosexuales y los divorciados vueltos a casar por lo civil.

Los conservadores insisten que sólo Roma puede proporcionar tales pautas doctrinales, mientras los progresistas creen que las iglesias locales conocen mejor qué requieren las circunstancias particulares.

El Papa ha expresado que la Iglesia necesita reflexionar aún más en los tipos intermedio de episcopado que involucren a los obispos, incluso regresando a ciertos aspectos de la muy descentralizada iglesia del pasado. Finalmente, el Papa agregó que una verdadera Iglesia episcopal tiene implicaciones para el papado y, por lo tanto, para otras iglesias cristianas que se separaron de Roma precisamente por la primacía del Papa. Francisco se ha mostrado enfático al insistir que quizá sea primero y antes que nada el obispo de Roma.

El Papa no está, por sí solo, por arriba de la Iglesia, sino al interior de ella, como un católico bautizado entre otros católicos bautizados, y al interior del colegio episcopal como un obispo entre obispos. Al mismo tiempo, el pontífice es llamado para guiar a la Iglesia de Roma que preside en el amor de todas las iglesias.

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