La enseñanza de historia en las instituciones se convirtió, desde hace casi tres años, en un tema obligatorio, sin embargo, existen algunos aspectos que requieren un cambio significativo en la forma en que esta se imparte
actualmente, teniendo en cuenta la dinámica vigente de educación y la forma en la que los estudiantes perciben el aprendizaje.
Por Adriana Cuao
Redacción EL INFORMADOR
De acuerdo con Darío Campos Rodríguez, historiador Ph. D y director del Instituto de Investigación en Educación de la Universidad Nacional, la historia quedó casi desaparecida en las aulas de clases con la implementación de la Ley General de Educación de 1994, convirtiéndose así en un proceso centrado únicamente en los “debates y problemáticas actuales de la sociedad colombiana y del mundo”, sumado al hecho de que no fue establecida como una asignatura autónoma sino que era un componente académico.
Por lo anterior, Campos Rodríguez considera que la ausencia de la enseñanza histórica desde el sentido crítico ha sido determinante en la dificultad de bachilleres y universitarios para desarrollar “habilidades de pensamiento ni conocimiento de la historia para poder actuar e intervenir proactivamente en la vida actual del país”, por lo que sería beneficioso integrarla no a todas las asignaturas académicas y no limitarla a las ciencias sociales. En diciembre de 2017, el Congreso de la República aprobó la Ley 1874, que haría obligatoria la enseñanza de la historia de Colombia en los colegios, permaneciendo integrada al área de las Ciencias Sociales; esto con el fin de diseñar una estrategia que permitiera avanzar hacia la paz y la reconciliación a partir de la “memoria de las dinámicas de conflicto que ha vivido el país”.

Para el docente de sociales, Jaime Chacuto del Castillo, el principal cambio generado en este tema de enseñanza histórica es que ya no se trabaja enfocados en el punto de vista anecdótico, que prácticamente obligaba a los estudiantes a aprenderse los acontecimientos de memoria, sino que ahora el énfasis está en que los alumnos tengan la capacidad de analizar, discernir y formar su propio criterio en cuanto a los acontecimientos que el docente va proponiendo.
“El programa y la historia siguen siendo los mismos, lo que puede cambiar es el enfoque que uno le haga, la manera de llevarlos a pensar. Por ejemplo, si vamos a hablar de la Batalla de Boyacá, no es nada más que se aprendan qué fue ese hecho y quiénes participaron, el objetivo es que analicen ese hecho que representó un momento importante en la historia patria y que sean capaces de encontrar, desde su punto de vista, en qué benefició eso”, explica.
Afirma entonces el profesor Chacuto que de esa misma manera se examinan todos los hechos históricos, enfocados en el análisis y la interiorización del tema para el desarrollo del pensamiento.

Juan De León Romero lleva 23 años ejerciendo la docencia en el área de las ciencias sociales, diez de estos (desde 1996 hasta 2006) en la comunidad de indígenas arhuacos asentados en Nabusimake, en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Desde este contexto, él afirma que la historia debe ser abordada, por obligación, desde el territorio y el acervo cultural, dándole importancia a los personajes tradicionales y entendiendo la figura del Mamo como la primera autoridad de esta población específica.



