El evento, liderado por el Ministerio de las Culturas, buscó construir una nueva narrativa para Santa Marta a través del arte, la gastronomía y las economías populares.
Durante tres días, entre el 18 y el 20 de julio, la Quinta de San Pedro Alejandrino se convirtió en epicentro de una celebración cultural sin precedentes. Más de 4.500 personas participaron en el Festival CASA por la Paz, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes como parte de la agenda conmemorativa de los 500 años de fundación hispánica de Santa Marta.
El festival reunió a más de 600 artistas y artesanos samarios, con una programación continua de 92 presentaciones escénicas, conversatorios, talleres y espacios de formación en arte, literatura, cine y ciencia. Asimismo, más de 120 iniciativas de economías populares ofrecieron productos tradicionales como arroz de bonito, dulces típicos, artesanías y diseño local.
El evento abrió con un encuentro entre la ministra Yannai Kadamani y más de 15 líderes del sector cultural de Santa Marta. Allí, gestores como la dramaturga Rosana Collazos y la cocinera tradicional Viviana Effer destacaron el enfoque participativo del festival y agradecieron el respaldo institucional a las expresiones artísticas locales.
“Este no es solo un festival, es la construcción de los próximos 500 años. Estamos tratando de contar otras verdades de Santa Marta”, afirmó la ministra Kadamani durante su intervención inaugural.
Una de las actividades más significativas fue la entrega oficial de la Resolución 0321 de 2024, que reconoce a la cumbia tradicional del Caribe colombiano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. El acto fue recibido con emoción por portadores de la tradición como Graciela Orozco, quien señaló que “la cumbia es afro, es negra, es española. ¡Que viva la cumbia!”
Paralelamente, el Ministerio visitó dos rutas bioculturales impulsadas en Santa Marta: una en el barrio Pescaíto, donde colectivos artísticos han transformado el entorno urbano con murales, música y teatro comunitario; y otra en Taganga, donde se promueve un turismo consciente, centrado en procesos liderados por pescadores artesanales y organizaciones de mujeres.
Ambas rutas fueron integradas a la programación del festival, permitiendo a turistas y locales compartir experiencias gastronómicas, talleres de pesca tradicional y espectáculos escénicos en escenarios no convencionales.
CASA por la Paz se consolidó así como un espacio abierto, gratuito y plural, que no solo celebró el pasado de Santa Marta, sino que propuso un nuevo relato para su futuro: uno tejido desde la diversidad cultural, la memoria viva de sus comunidades y la apuesta por territorios en paz.
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