Colombia inicia diciembre con 70 quemados por pólvora

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Las autoridades piden extremar el autocuidado en Navidad: menores afectados, animales alterados y hospitales en alerta marcan el comienzo de la temporada.


Aunque apenas comienza la temporada decembrina, el país ya registra una preocupante cifra de personas lesionadas por pólvora. Según el Instituto Nacional de Salud, con corte al 5 de diciembre se han reportado 70 casos en el territorio nacional, una cifra que, aunque representa una disminución del 6,5 % frente al mismo periodo del año pasado, sigue encendiendo las alarmas sobre una práctica que cada diciembre deja dolor, secuelas y lamentos.

De los lesionados, 11 son menores de edad, y en tres de esos casos había presencia de adultos bajo efectos del alcohol. A la fecha no se reportan fallecimientos, pero las autoridades insisten en que un solo error puede convertir una celebración en tragedia.

Antioquia encabeza la lista de departamentos con más quemados, seguido de Valle del Cauca, Caldas y Cauca. En varias capitales ya se registran casos, siendo Medellín la ciudad con mayor número de lesionados.

La mayoría de las heridas corresponden a quemaduras y laceraciones, provocadas por artefactos como totes y voladores. Los hospitales comienzan a vivir el ciclo que cada diciembre se repite: urgencias llenas, intervenciones de emergencia y familias enfrentando daños irreparables.

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Pero las víctimas no solo están en los centros médicos. Cada estallido afecta también a quienes sufren en silencio: perros que entran en pánico, adultos mayores que reviven traumas, bebés que no pueden dormir y niños con autismo sometidos a crisis severas por los fuertes ruidos. La pólvora hiere incluso sin tocar.

La reflexión es clara: no se trata de prohibir por prohibir, sino de evolucionar como sociedad. La cultura cambia, y así como se han dejado atrás prácticas dañinas, Colombia necesita dar un paso decisivo hacia unas fiestas sin quemados, sin animales alterados y sin familias devastadas.

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Las autoridades reiteran el llamado: celebrar no debe significar arriesgar la vida. “La tradición no vale más que la seguridad”, insisten. Que diciembre sea sinónimo de luz, pero luz que ilumina, no que incendia. De alegría, no de dolor. De fiesta, no de hospital.

El país merece un diciembre distinto. Un diciembre sin quemaduras. Un diciembre donde el único sonido que quede en la memoria sea el de las risas y no el de una explosión.

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