Un experto del Jardín Botánico explicó que la edad de los árboles se determina mediante el análisis de anillos de crecimiento en la madera y destacó el valor biopatrimonial y ecológico de la ceiba bonga del barrio 20 de Julio, cuyo posible talado ha generado debate en Santa Marta.
Con un fallo se ordenó la tala controlada de una ceiba bonga ubicada en el barrio 20 de Julio de Santa Marta, luego de que una evaluación técnica del Dadsa determinara que el árbol presenta deterioro estructural severo y representa un riesgo para los habitantes del sector, especialmente para una mujer de 102 años que reside junto a él.
Una decisión judicial ordenó la tala de una ceiba bonga centenaria ubicada en la carrera 16 entre calles 6 y 7 del barrio 20 de Julio, en Santa Marta, como medida preventiva para proteger la vida e integridad de los residentes del sector.
La orden fue emitida tras una acción de tutela presentada por habitantes del lugar, quienes manifestaron su preocupación por el estado del árbol y el riesgo que representaba para las viviendas cercanas, particularmente para una mujer de 102 años que vive justo al lado del ejemplar arbóreo.
En cumplimiento de la sentencia con radicado 4700131-31-07-001-2026-00011-00, emitida por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Santa Marta, el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental, Dadsa, realizó una evaluación técnica para verificar las condiciones físicas y fitosanitarias del árbol.

Evaluación técnica evidenció deterioro estructural
De acuerdo con el concepto emitido por la autoridad ambiental del Distrito, la ceiba presenta un deterioro estructural severo en la base del tronco, con ahuecamiento y necrosis avanzada del tejido leñoso, situación que compromete su estabilidad mecánica.
El informe técnico advierte que el árbol registra cavidades internas y pérdida de tejido estructural, lo que aumenta considerablemente el riesgo de una falla estructural.
A esto se suma su cercanía con viviendas, cableado eléctrico y zonas de tránsito peatonal, factores que incrementan la probabilidad de que un eventual colapso afecte tanto a personas como a la infraestructura cercana.
Según el Dadsa, en caso de presentarse lluvias intensas o vientos fuertes, existe una posibilidad considerable de volcamiento o caída parcial del árbol.
Por esta razón, la entidad determinó que la medida técnicamente viable es realizar una tala controlada y sectorizada, bajo estrictos protocolos de seguridad para minimizar los riesgos durante la intervención.
La autoridad ambiental explicó que la decisión responde exclusivamente a criterios técnicos de prevención del riesgo estructural y no a problemas relacionados con el follaje del árbol.
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Ambientalistas rechazan la decisión
La decisión ha generado reacciones entre defensores del medio ambiente en la ciudad.
La ambientalista samaria Ana Karina Castañeda manifestó su inconformidad frente a la medida y cuestionó que no se hayan evaluado otras alternativas antes de ordenar la tala.
“Los árboles son memoria. Este tiene un significado impresionante para la ciudad. Siento que la decisión se está tomando a la ligera”, expresó.
Castañeda también planteó interrogantes sobre los estudios técnicos realizados y las medidas de compensación ambiental que se aplicarán tras la intervención.
Asimismo, cuestionó las decisiones urbanísticas que, durante años, permitieron construcciones y obras de infraestructura alrededor del árbol sin considerar su protección.
Debate ciudadano y propuestas en redes
La situación ha generado un intenso debate entre los samarios, especialmente en redes sociales.
Algunas personas han planteado la posibilidad de que el Distrito reubique a la familia que reside junto al árbol y adquiera el predio para convertir el espacio en un parque natural que permita preservar la ceiba.
Expertos ambientalistas estiman que el ejemplar tendría alrededor de 103 años de edad, lo que lo convierte en un elemento representativo para el patrimonio natural y cultural del barrio.

Opiniones divididas entre los vecinos
Entre los habitantes del sector también hay opiniones encontradas.
Orlando Montero Rico, residente del barrio, aseguró que aunque la tala genera tristeza, considera que la decisión es necesaria para evitar una tragedia.
“Nos duele que lo tumben porque fue punto de reunión de muchos años, pero el árbol ya está deteriorado. Si llega a caer podría causar una desgracia”, afirmó.
Por su parte, Omar Gustavo Ferreira señaló que el árbol representa un riesgo para las viviendas y el cableado eléctrico del sector.
“Soy amante de la naturaleza, pero hay un peligro real. Si ese árbol cae puede provocar una tragedia”, manifestó.
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Valor ecológico y biopatrimonial
Para el experto del Jardín Botánico, Wilintong Barranco, el árbol no solo tiene valor físico, sino también un importante componente biopatrimonial.
Según explicó, estos árboles prestan múltiples servicios ecosistémicos, como la captura de carbono, la generación de microclimas y la provisión de hábitat para diversas especies.
“El árbol tiene una memoria biopatrimonial. Muchas generaciones crecieron alrededor de él y hay historias que forman parte de la identidad de la comunidad”, señaló.
Barranco también indicó que el problema refleja una falta de planificación urbana, ya que el crecimiento del barrio, las vías y las viviendas se realizó sin considerar la presencia del árbol.
Compromiso ambiental del Dadsa
El Dadsa reiteró que la intervención responde a criterios técnicos y al cumplimiento de una orden judicial, priorizando la seguridad de la ciudadanía.
La entidad aseguró que continuará adelantando acciones de manejo responsable del arbolado urbano en Santa Marta, buscando mantener el equilibrio ambiental y proteger el patrimonio natural del Distrito.