La visita de Donald Trump a Pekín, que duró menos de 48 horas, terminó este viernes con un acuerdo político simbólico entre Estados Unidos y China, centrado en una “relación de estabilidad estratégica constructiva” que, según Pekín, buscará guiar los vínculos bilaterales durante los próximos tres años o más.
La cumbre dejó avances en comercio y cooperación, pero varios temas clave, como semiconductores y Taiwán, quedaron sin resolverse.
Durante la jornada, Trump y Xi coincidieron en reforzar la cooperación como eje principal de la relación, mantener una competencia “moderada”, manejar diferencias “controlables” y asegurar una paz duradera. En el ámbito comercial, Estados Unidos espera cerrar acuerdos agrícolas por “decenas de miles de millones de dólares” anuales y avanzar en la venta de aviones Boeing y soja. Por otro lado, los semiconductores avanzados no se discutieron y la política de EE. UU. hacia Taiwán se mantiene sin cambios.
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Otros puntos destacados incluyeron la mención de Irán, con Pekín dispuesto a mediar para mantener abiertas las rutas del estrecho de Ormuz y defender un acuerdo nuclear que atienda las preocupaciones de todas las partes. La visita también buscó mostrar cercanía entre los mandatarios, con encuentros en el complejo Zhongnanhai y gestos amistosos, como el envío de semillas de flores por parte de Xi a la Casa Blanca.