Catedral Basílica Menor de Santa Marta

Panorámica de la Catedral Basílica Menor de Santa Marta. Derechos Reservados/ELINFORMADOR

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Bienes de Interés Cultural del Ámbito Nacional en Santa Marta: patrimonio que trasciende el tiempo

“Omnium Colombianae Ditionis Ecclesiarum Mater”, es decir, “Madre de todas las Iglesias de Colombia”, es la frase que recibe a los feligreses y visitantes en la entrada principal de la Catedral Basílica Menor de Santa Marta; esta inscripción se refiere a su Diócesis que fue la primera constituida en el nuevo mundo. En el año 2025, el emblemático templo celebrará 499 años desde su primera edificación y 476 años desde la construcción de su primera versión en mampostería.



Equipo de redacción EL INFORMADOR.

Santa Marta, la ciudad primada de Colombia, alberga uno de los patrimonios religiosos más importantes del continente: la Catedral Basílica Menor (Parroquia del Sagrario y San Miguel). Su historia comienza en 1526 con la llegada de los mercedarios, quienes, con el apoyo del fundador de la ciudad, Rodrigo de Bastidas, levantaron la primera iglesia en bareque y palma. Esta construcción se ubicó en lo que hoy es el parque Simón Bolívar, frente al paseo peatonal que lleva el nombre del conquistador.

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El 9 de enero de 1533 se designó al teólogo Alfonso de Tobes como el primer obispo de la naciente Diócesis, marcando el inicio formal de la estructura eclesiástica. Pero no tardaron en llegar las adversidades: en 1543, el corsario Roberto Baal saqueó y profanó tanto la catedral como la iglesia de Santo Domingo.

Según registros de la Diócesis de Santa Marta, “entre los años 1544 y 1549 se llevó a cabo la construcción de la primera catedral de mampostería”, durante el obispado de fray Martín de Calatayud. Sin embargo, las amenazas constantes llevaron al Papa Pío IV a reducirla a abadía en 1562 y trasladar la sede episcopal a Santafé de Bogotá, a solicitud del obispo Juan de los Barrios, quien consideraba a Santa Marta demasiado pobre e insegura. Pero la restitución llegó en 1577 con el Papa Gregorio XIII, quien devolvió a Santa Marta su categoría de Diócesis.

El proyecto para la Catedral de Santa Marta, diseñado por el ingeniero Juan Cayetano
Chacón en 1767, está conservado en el Archivo General de Indias, ubicado en
Sevilla, España. Tomado de la Arquitectura religiosa en la Nueva Granada.
Foto Archivo EL INFORMADOR.

Con el paso de los siglos, los templos construidos fueron siendo destruidos por piratas, terremotos y guerras. En 1655, el vicealmirante inglés William Goodson protagonizó uno de los episodios más devastadores: quince días de saqueo, quema de poblaciones indígenas y profanación de templos. En 1676, piratas subordinados de Henry Morgan secuestraron al obispo Lucas Fernández de Piedrahita y atentaron contra la imagen de la Inmaculada Concepción.

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Durante el episcopado de Diego de Baños y Soto Mayor, “entre 1678 y 1683 se inició la construcción de la tercera catedral”, esta vez de adobe y con paredes encaladas. En 1702, ante la amenaza de nuevos ataques, se trasladaron objetos sagrados a Tenerife, incluyendo la imagen de la Inmaculada, que volvió escoltada dos años después, causando júbilo entre los samarios.

Entre 1706 y 1711 se inició una nueva fase de reconstrucción, esta vez pensando no solo en la fe sino en la defensa.
La catedral fue diseñada como templo y fortaleza, con una torre para seis cañones. Sin embargo, el gran sismo de 1751 derrumbó la estructura. Fue entonces cuando Carlos III, mediante Real Cédula de 1753, ordenó su reconstrucción definitiva. El ingeniero Diego de Rueda proyectó la cuarta y actual catedral, y el obispo Agustín Manuel Camacho propuso un impuesto sobre el aguardiente para financiarla.

La Catedral Basílica de Santa Marta es un templo católico, situada en el Centro Histórico de Colombia, con un estilo muy renacentista.

Aun así, las obras fueron interrumpidas en varias ocasiones. En 1775, el Virrey Guirior las suspendió por considerarlas demasiado costosas y lujosas para una ciudad tan pequeña. En 1789, Antonio Marchante fue enviado para retomar el proyecto y, tras inspeccionar los trabajos, lo asumió formalmente. En 1794, la parte estructural fue concluida, en 1796, en una ceremonia solemne, “se entregaron las 22 llaves del templo y se hizo el traslado oficial de la catedral al edificio de material”, bajo la responsabilidad del Deán José Díaz Granados y en nombre del obispo Alejandro de Egües.

En el siglo XIX, nuevos hechos marcaron su historia. Un terremoto en 1834 dañó gravemente la Catedral y la tumba de Bolívar. Luego, en 1860, durante los enfrentamientos entre conservadores y liberales, el altar mayor fue incendiado el 8 de diciembre.

Interior de la Catedral Basílica Menor, Parroquia del Sagrario y San Miguel.
Derechos Reservados/ELINFORMADOR

A partir del siglo XX, el templo recibió nuevas restauraciones y mejoras: en 1903 se restauró y añadió una tercera bóveda; en 1917 se construyó el techo abovedado, y en 1921 se inauguró su reloj. En 1925, fueron fundidas cuatro campanas: “Santa Marta, Santa Ana, Nuestra Señora de Torcoroma y San Luis Beltrán”.

Durante los años 20 y 30 se embelleció el templo con nuevas imágenes y se erigió un altar mayor de mármol traído desde Barcelona, que exhibe una escultura de Santa Marta y un bajorrelieve con la frase: “Deo Et Sanctae Marthae” (Dios y Santa Marta).

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Finalmente, el 26 de marzo de 1932, el Papa Pío XI le otorgó el título de Basílica Menor, y el 29 de julio de 1975, en solemne ceremonia, el nuncio Ángelo Palmas coronó canónicamente la imagen de la Inmaculada Concepción en nombre del Papa Pablo VI. Ese día, la Virgen fue condecorada con la Cruz de Boyacá por el entonces presidente Alfonso López Michelsen.

Hoy, cuando nos acercamos al aniversario 500 de la iglesia madre de Colombia, la Catedral Basílica Menor de Santa Marta no es solo un templo: es un símbolo vivo del origen de la fe católica en el país, un refugio de historia, arte y devoción que ha sobrevivido a saqueos, terremotos, guerras civiles y siglos de transformación. Sus muros no solo custodian reliquias religiosas, sino también el alma de una ciudad que, pese a la adversidad, nunca dejó de levantar su mirada al cielo.

Fue declarada Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional mediante la Resolución 0455 de 21 de diciembre de 2022.

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