Entre las montañas de la capital del Magdalena hay un ‘rincón’ que cautiva por sus paisajes, su magia, su gastronomía y su ambiente caribeño.
Equipo de redacción EL INFORMADOR.
En el norte de Santa Marta, detrás de los cerros de Pescaíto y San Jorge se encuentra uno de los sitios más históricos de la ciudad: el corregimiento de Taganga.
Es un lugar rodeado de cautivadoras playas con aguas cristalinas que estuvo habitado desde hace más de 500 años por tribus indígenas. Sí, Taganga -como se llamaba el cacique del grupo nativo familia de los Tairona- ya existía desde antes de la llegada de los españoles.

agua cristalina y mucha tranquilidad, ideal para tomar el sol, relajarse
en la arena y explorar la vida marina.
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En este territorio nació la entidad de pesca artesanal más vieja que tiene la ciudad, llamada Corporación de Pescadores Chinchorreros de Taganga, que conserva la tradición de los ancestros que se dedicaron a esta práctica con chinchorro: los ‘Kashingui’ y ‘Peibuni’, tribus antiguas con asentamiento en Taganga y las zonas bajas de los ríos Manzanares y Gaira.
El nombre de Taganga según la lengua aborigen significa “El mar entrante, o sitio donde se adentra el mar”. Su etimología procede de “Ta”: entrante. Y “Ganga”: el mar. La antigua aldea que, según historiadores, desde el año 1500 tenía un cementerio, un centro ceremonial y cuatro casas, se convirtió en corregimiento en el siglo XX, pero tuvo también denominación de Parroquia Indígena y Distrito Parroquial. La bahía de Taganga tuvo un abundante ostral de perlas y criaderos de coral de mucha calidad y por ese motivo, en 1719 el gobernador Juan Beltrán de Caicedo ordenó construir el Fuerte de San Antonio para su defensa y la de su gente.
La Corporación de Pescadores Chinchorreros de Taganga es la entidad de pesca más antigua de Santa Marta y tiene más de 164 socios y cuenta con 171 redes adscritas.
El historiador Raúl Ospino Rangel afirma que para el siglo XVIII la población tomó el nombre de San Francisco de Taganga, después que se instituyeran celebraciones religiosas en honor a San Francisco de Asís, patrono del pueblo. Después, en 1995 Taganga quedó como barrio de la comuna de Pescaíto, sin embargo, en 1998 recuperó su carácter de corregimiento tras protestas de la comunidad.

digitalizada por el Banco de la República.
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Mucho antes de la construcción de la carretera que actualmente conduce hacia el pueblo taganguero había un camino rodeado de naturaleza que conectaba con la ciudad. Los pobladores también se movilizaban por mar. El médico e historiador Arturo Eduardo Bermúdez documentó en su libro “Materiales para la historia de Santa Marta” (1997) que Santa Marta tuvo dos caminos principales desde los primeros años de su fundación: el de Mamatoco y el de Gaira.
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Según el investigador (Q.E.P.D.), el primero era conocido como ‘Camino Viejo de Mamatoco’, diferente a la avenida del Libertador. “Era la salida por el este de un camino que hasta hace algunos años se conservaba en su recorrido primitivo. Casi desde la salida se dividía en un camino para Taganga (camino de la Cuesta de Taganga, hoy barrio Nacho Vives), que se bifurcaba en otro conocido como el Camino de la Chinita, y el otro tramo era el verdadero Camino de Mamatoco o Camino de Macachete”, que se conoció cuando “se iniciaba en la actual carrera 8a, calle 13 (San Francisco) y en recorrido irregular hacia el este se llegaba a la carrera 9a, seguía por la calle 12 b hasta la carrera 13, donde encontraba la hoy calle 12 y continuaba así, cruzando muchas haciendas pequeñas, llenas de frutales y hortalizas, con abundante agua y muy bien cuidadas”. Ese trayecto pasaba por el Cerro de las Tres Cruces, atravesaba la avenida del Libertador y seguía por el puente de Mamatoco.

Taganga, y su sendero por el cerro.
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El arquitecto e historiador Álvaro Ospino Valiente relata en su artículo “El Centro Histórico de Santa Marta: evolución y consolidación”, publicado en la Academia de Historia del Magdalena que, “Respecto a la conexión de la ciudad con las poblaciones indígenas circunvecinas y playas de desembarco a través de los caminos o trochas había siete: el camino de las abras de Santa Ana que conduce al fuerte de San Antonio que dominaba la bahía de Santa Marta y la bahía de Taganga; el camino a las salinas del norte de la ciudad; el camino a playa Lipe y fuerte de San Fernando, atravesando el río Manzanares; el camino a Gaira por la actual avenida Bavaria, saliendo por el puente de la Platina; el camino a Taganga y el camino a Mamatoco y Concha, que registra dos caminos, uno por los lados de la avenida del Libertador y otro más, por los terrenos de La Coquera”.
Carretera y avances
Cuando el general Rafael Hernández Pardo era gobernador del Magdalena en 1954 se planeó la obra de la vía Santa Marta – Taganga, pero fue hasta marzo de 1956 que se inauguró. En esa época de apertura Alfredo Riascos Labarcés era el alcalde, y Gustavo Rojas Pinilla el presidente de la República. Primero la carretera era destapada y al menos 16 años después fue asfaltada. Esa ‘hazaña’ permitió la llegada del turismo al sector, que además de la pesca, se convirtió en otro motor de la economía. Ahora, el recorrido se tarda solo 15 minutos desde el Centro Histórico.
Genemaka, La Playita, El Ancón, Sisiguaka y Monoguaka hacen parte de los ancones de pesca ancestral de la bahía de Taganga.
Según historiadores, en 1964 se construyó el acueducto. Asimismo, posteriormente se fundaron los primeros hoteles, como la Ballena Azul. Actualmente, Taganga está llena de hostales, restaurantes, el corregimiento tiene gran parte de sus calles destapadas y los pescadores artesanales luchan por mantener la tradición de sus antecesores, enfrentándose a las problemáticas como la invasión de los ancones de pesca y la contaminación.
Taganga y sus alrededores
Subir el cerro por carretera es vivir la experiencia de deleitarse con un paisaje inigualable, sobre todo cuando se llega a la parte alta y se empieza a zigzaguear para llegar al pueblo. Desde arriba se ve el mágico panorama de mar azul, las casas, negocios y las montañas que dividen cada uno de los ancones y playas. De igual forma, recorrer en lancha sectores como la bahía de Taganga, Playaca, Genemaka, La Playita, Playa Grande, El Ancón, Sisiguaka y Monoguaka, que hacen parte de las zonas aledañas donde se mezcla la pesca tradicional con el turismo, es otro de los placeres que todo turista y samario debería contemplar.
La cabecera del corregimiento de Taganga pertenece a la Localidad II Histórica Rodrigo de Bastidas. Cuando se pisa este territorio de inmediato se siente el olor a mariscos, arroz de coco, pescado frito, cocadas y de todos los alimentos de la gastronomía local. La bahía de Taganga tiene un malecón en el que se encuentran varios hoteles, comedores, tiendas, puntos de información turística de la Policía, monumentos de le etnia Tayrona, quioscos de ventas de alimentos, ventas de artesanías, entre otros establecimientos. Se divide por el sector en el que están las embarcaciones de los pescadores y lanchas que transportan a los turistas hacia otros sitios, y por la parte del balneario, donde se instalan carpas y hay más restaurantes y hoteles.

mar tranquilo, transparente y con rocas por debajo.
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Playaca
Se puede llegar en vehículo por un camino que se desvía de la bajada hacia Taganga, cruzando a la izquierda antes del Mirador, donde hay un aviso con el nombre del lugar. También se puede visitar por mar. Playaca es semi privada y el costo por ingresar es de $10.000 por persona con parqueo incluido.
Hay restaurante, bar y alojamiento. El mar es tranquilo, cristalino y con rocas por debajo. También hay un pequeño muelle. Ofrecen alquiler de sillas y tienen quioscos. No hay vendedores ambulantes ni multitudes y se organizan eventos como fiestas y matrimonios.
Ancones de pesca
Los pescadores viven del día a día y no cuentan con un salario ni prestaciones sociales. Todos los días salen desde muy temprano a buscar el sustento en el mar. La pesca artesanal -que tiene más de 500 años en Santa Marta- es la base de la economía de muchas familias en Taganga. Su bahía tiene al menos 7 ancones en los que se desarrolla esta actividad. Julio De Andréis, pescador, en diálogo con EL INFORMADOR definió un ancón como “una parte a la que va la gente a recrearse, pero se lleva el chinchorro que pertenece a la pesca artesanal, una tradición indígena”, dijo.

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A excepción de Playaca, a continuación se presentan los lugares de pesca. A esos sitios llegan decenas de turistas, pero la recomendación que se les hace es que no toquen las redes ni naden cerca. Tampoco deberían generar ruido ni arrojar basuras para no interrumpir la actividad pesquera, sin embargo, son solicitudes que algunos visitantes no cumplen y generan disyuntivas con los pobladores.
Genemaka
Es el primer ancón de pesca de Taganga. Desde la madrugada y casi durante todo el día, los pescadores artesanales lanzan sus chinchorros y realizan sus faenas en equipo, utilizando al menos la mitad de la playa y resguardándose en un quiosco ubicado frente al mar. A este lugar llegan también otras personas a pasear, quienes por lo general se ubican bordeando el cerro que lleva hacia la próxima playa.

ofrece la oportunidad de disfrutar de un ambiente de tranquilidad
y aire fresco. Derechos Reservados/ELINFORMADOR
A Genemaka se llega fácilmente. Queda en un desvío del camino natural montañoso que conduce hacia Playa Grande y el trayecto puede ser entre 6 y 10 minutos a pie. Su agua es clara y pacífica. Quienes ejercen la labor pesquera han luchado durante años contra los malos comportamientos de algunos turistas, quienes dejan basura y a veces afectan su trabajo.
La Playita
Es el segundo ancón que utilizan los pescadores para ganar su sostenimiento diario. Es una zona pequeña, apenas a la vuelta de Genemaka, bordeando el cerro. Se llega en lancha. Está dividida por los montículos. Aunque no es una zona apropiada para albergar turismo, debido a la práctica de pesca ancestral, hay quienes asisten y disfrutan de un chapuzón. Generalmente las redes no ocupan el espacio total. Allí los pescadores tienen una caseta en la que permanecen mientras trabajan, pero bordeando otro poco hacia Playa Grande, hay un paraíso de aguas transparentes al que llegan los visitantes a caretear o practicar ‘snorkeling’.
La belleza natural de La Playita es impresionante. Es un destino asombroso en el que los peces se alcanzan a ver desde las lanchas y hasta sin ponerse las gafas o caretas de buceo. La orilla es rocosa y se recomienda siempre ir acompañado por un guía. El oleaje golpea directamente contra el cerro y podría incrementar el riesgo cuando hay fenómeno de mar de leva.

ubicado a cinco minutos en lancha o a 20 minutos a pie por el cerro.
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Playa Grande
En lancha desde Taganga se puede llegar hasta Playa Grande en solo 5 minutos y por un costo de $15.000 incluyendo ida y vuelta. Para quienes prefieren la aventura o la economía, hay un sendero ecológico rocoso por el cerro que puede recorrerse en un tiempo aproximado entre 15 y 20 minutos con una vista panorámica del pueblo y las playas.

agua cristalina y mucha tranquilidad, ideal para tomar el sol, relajarse
en la arena y explorar la vida marina.
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Ir a Taganga y no conocer Playa Grande podría ser considerado como algo incomprensible, pues es un destino cercano, mágico y con un paisaje único. Sus aguas son frescas, nítidas, perfectas para bucear, pasear en kayak o en gusanito. En el sector hay restaurantes, alquiler de sillas, carpas, y hospedaje: todo lo que se necesita para vivir un paseo inolvidable. También lanzan redes de pesca al borde de las montañas.
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El Ancón
Diagonal a Playa Grande, a unos siete minutos a pie queda El Ancón. Es otra playa de pescadores. Para llegar hay una ruta nativa por el cerro. “Respete la faena pesquera”, dice uno de los avisos que hay en la zona, debido a que casi siempre hay chinchorros en el mar. Al igual que en los demás ancones, también tienen una pequeña choza en la que esperan el momento para jalar las redes.

Sisiguaka
A pocos minutos de El Ancón, a la vuelta, se encuentra Sisiguaka, una playa un poco más amplia en la que hay pesca ancestral y turismo. No es muy concurrida, pero es valorada por su riqueza natural. Tiene arena blanca y es un sitio perfecto para practicar esnórquel y contemplar los corales. Hay restaurantes, alquiler de sillas, carpas, y los visitantes suelen llegar también en lancha o en kayak.
Monoguaka
Siguiendo el sendero ecológico que sale desde Playa Grande y pasa por varias playas, se puede arribar a Monoguaka. Queda entre Sisiguaka y Playa Rosita, la última del sector de la bahía de Taganga.

Es pequeña, está rodeada por los cactus del cerro y tiene un rancho en el que permanecen los pescadores. Como en los demás ancones de pesca, los visitantes deben respetar la faena y evitar interferir en la labor ancestral. Es una encantadora playa con agua transparente y mucha tranquilidad, ideal para tomar el sol, relajarse en la arena y explorar la vida marina.
Playa Rosita queda al final, al lado de Monoguaka y se puede visitar siguiendo el camino de la loma, rodeando cuidadosamente las rocas o por el mar. Es un sector privado que también goza de gran encanto natural. Hay construcciones en la montaña. El cerro separa el límite de Taganga con el Parque Tayrona. Más adelante sigue Isla Aguja, integrada por sectores conocidos como La Primera, La del Medio y La Última. Continuando el trayecto, se pasa por Granate, Bahía Concha, Chengue, entre otras playas del Parque Nacional Natural Tayrona.
El músico, compositor, arreglista, director e intérprete Luis Eduardo ‘Lucho’ Bermúdez grabó con el sello ‘Sílver’ un Long Play con una canción dedicada al corregimiento, en la que corea: “Taganga, qué bello es, Taganga tierra de amor, Taganga bello es su mar, Taganga, embrujador”, destacando su belleza.
La Academia de Historia del Magdalena describe en uno de sus artículos que Santa Marta: “A 4 kilómetros cuenta con una antigua reserva indígena llamada Taganga, cuyo pintoresco asentamiento se divisa desde la carretera que bordea un cerro, con una preciosa bahía que la convierte en uno de los lugares preferidos por los turistas nacionales y extranjeros”.
Taganga es actualmente un sitio de alto valor turístico y cultural. La Capilla San Francisco de Asís fue declarada monumento nacional en 1994, año en el que fue restaurada. En el corregimiento también se practican deportes, se realiza con frecuencia el senderismo, hay avistamiento de fauna, flora y buceo. Muchos extranjeros llegaron a pasear, se enamoraron del lugar, crearon sus negocios y se quedaron. Aunque el turismo es una de las principales fuentes de ingreso, los tagangueros luchan por preservar sus dinámicas tradicionales, incluso en medio del abandono gubernamental.
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