A cinco minutos del casco urbano, una playa de aguas cristalinas y paisajes inolvidables se posiciona como nueva joya turística del Caribe colombiano, impulsada por el liderazgo comunitario del barrio Pescaíto.
Equipo de redacción EL INFORMADOR.
El Mar de Pescaíto, una playa de acceso casi secreto durante años, se transforma en un destino emergente gracias al compromiso de sus habitantes. Rodeado de historia, arte, naturaleza y buena gastronomía, este rincón de Santa Marta se perfila como un lugar ideal para el ecoturismo y el turismo comunitario.
Hablar de Santa Marta es hablar de sol, historia y mar. Pero más allá de sus destinos tradicionales, la ciudad esconde pequeños tesoros que, gracias a sus propias comunidades, comienzan a relucir. Uno de ellos es el Mar de Pescaíto, una playa tranquila ubicada en la parte norte de la ciudad, a tan solo cinco minutos del CAI del barrio San Jorge.
Vea video compleo de Mar de Pescaíto:
Este rincón natural ofrece mucho más que aguas cristalinas y paisajes de ensueño: es un símbolo de transformación social, esfuerzo comunitario y una apuesta firme por el turismo sostenible.

de arena lo que facilita actividades como el buceo o el careteo.
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Un paisaje de tres colores
También conocida como el Mar de Tres Colores, esta playa debe su nombre a un fenómeno óptico provocado por el fondo rocoso; al reflejarse el sol en diferentes horas del día, el agua adquiere tonalidades azul turquesa, verde esmeralda y azul profundo, creando un espectáculo natural que deja sin aliento a sus visitantes.
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El acceso al lugar inicia en la empinada calle 1 con carrera 9ª del barrio Pescaíto, desde donde se sube hasta la entrada principal, custodiada por un mural colorido que da la bienvenida con imágenes del mundo marino. Este mural fue resultado de una convocatoria ganada por gestores sociales locales, quienes plasmaron allí el orgullo y la riqueza cultural de su barrio.

se puede contemplar el tono azul claro de sus aguas tranquilas.
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Turismo ecológico con alma social
Uno de los grandes aciertos de esta comunidad ha sido integrar el turismo con acciones de preservación ambiental y memoria histórica. A través de un proyecto de senderismo ecológico, los visitantes pueden recorrer un camino que inicia en Playaca, en Taganga y concluye en el Mar de Pescaíto, todo mientras aprenden sobre la historia del lugar, su relación con el mar y la importancia de proteger este ecosistema.
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Gastronomía marina
El Mar de Pescaíto también conquista paladares. Allí es posible degustar exquisitos platos típicos del mar, como cocteles de camarón, ceviche, pulpo, cangrejo y langosta, con precios accesibles que oscilan entre $30.000 y $80.000 pesos. La frescura de los ingredientes, muchos de ellos extraídos por los propios pescadores del barrio, garantiza una experiencia gastronómica auténtica y deliciosa.
Para los amantes de la naturaleza, otro de los atractivos del lugar es el avistamiento de aves. Desde un punto privilegiado en la montaña, se pueden observar diversas especies que habitan o migran por la zona, haciendo de este rincón un espacio ideal para el ecoturismo y la fotografía natural.

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Una playa que transforma vidas
Durante años, el barrio Pescaíto estuvo marcado por la estigmatización debido a problemas de delincuencia. Hoy, sus habitantes ven en el turismo una herramienta poderosa para cambiar esa imagen, empoderar a sus jóvenes y generar nuevas oportunidades.
El Mar de Pescaíto ha pasado de ser un recuerdo íntimo de infancia (donde muchos samarios se lanzaban desde el cerro para zambullirse en sus aguas) a convertirse en un escenario de transformación comunitaria. Aquí, el arte urbano, los murales, la gastronomía y la conciencia ambiental se combinan con un profundo sentido de pertenencia.
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Un destino para todos
Este balneario ya no es un secreto bien guardado. El Mar de Pescaíto tiene sus puertas abiertas para el visitante samario, nacional e internacional, ofreciendo paisajes vírgenes, comida deliciosa, actividades al aire libre y lo más valioso; una comunidad cálida, carismática y dispuesta a compartir la riqueza patrimonial de su tierra.
Con cada paso que se da hacia su desarrollo turístico, esta playa demuestra que es posible construir un turismo diferente, con alma social y ambiental, desde los barrios populares de Santa Marta.
