EL INFORMADOR propaga la devoción al escapulario de la Virgen del Carmen

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Hora:10:05 a.m

Mañana se celebra el día de Santa María en el monte de Carmelo, referida comúnmente como Nuestra Señora del Carmen. Es una de las advocaciones de la Virgen María y en nuestro país es considerada como la Patrona de los conductores y transportadores.

Uno de los signos más representativos con referencia a esta advocación es el Escapulario del Carmen, signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.

El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según el Concilio Vaticano II, "un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales, que se obtienen por la intercesión de la Iglesia".

Quienes reciben la imposición de este Escapulario, y lo visten habitualmente, necesitan saber las razones que la iglesia ha tenido para autorizarlo y recomendarlo, bendiciendo e indulgenciando a sus devotos.

De este modo lograrán que les sirva de medio en su perfeccionamiento en la fe de Cristo y alcanzarán con más facilidad la saludable ayuda de la Virgen Santísima, Madre espiritual y medianera de todas las gracias, a la que pretenden honrar. Ella, a los que vivan esta común consagración carmelitana, significada en el Escapulario, los conducirá a una más plena participación de los frutos del Misterio Pascual.

Historia del Escapulario

El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Lo dio La Santísima Virgen, se lo entregó al General de la Orden del Carmen; San Simón Stock, según la tradición, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: "Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno".

Alude a este hecho el Papa Pío XII cuando dice: "No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen".

Existe la tradición de que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expían en el purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la patria celestial lo antes posible, o, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte.

El valor y el sentido del Escapulario

El Escapulario hunde sus raíces en la tradición de la Orden, que lo ha interpretado como signo de protección materna de María. Tiene, en sí mismo, a partir de esa experiencia plurisecular, un sentido espiritual aprobado por la Iglesia.

Representa el compromiso de seguir a Jesús, como María, el modelo perfecto de todo discípulo de Cristo. Este compromiso tiene su origen en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.

Normas prácticas

El escapulario es impuesto, sólo la primera vez, por un sacerdote o por una persona autorizada.

Puede ser sustituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sagrado Corazón y por otra la de la Virgen

El Escapulario exige un compromiso cristiano auténtico: vivir de acuerdo con las enseñanzas del evangelio, recibir los sacramentos y profesar una devoción especial a la Santísima Virgen que se expresa, al menos, con la recitación cotidiana de tres avemarías.

 El Escapulario del Carmen no es un signo protector mágico, una garantía automática de salvación, ni una dispensa de vivir las exigencias de la vida cristiana. Es un signo aprobado por la Iglesia desde hace siete siglos, que representa el compromiso de seguir a Jesús como María: abiertos a Dios y a su voluntad, guiados por la fe, la esperanza y el amor, cercanos a las necesidades de los demás, orando en todo momento y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias.

El objetivo del Escapulario es ir más fácilmente a Jesús. Según  la enseñanza del Concilio Vaticano II: “Los oficios y los privilegios de la Santísima Virgen, siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad”.

Por eso afirmó Pío XII que “nadie ignora, ciertamente, de cuánta eficacia sea para avivar la fe católica y reformar las costumbres, el amor a la Santísima Virgen, Madre de Dios, ejercitado principalmente mediante aquellas manifestaciones de devoción, que contribuyen en modo particular a iluminar las mentes con celestial doctrina y a excitar las voluntades a la práctica de la vida cristiana. Entre éstas debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los carmelitas”.

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