La samba contagiosa, creativos disfraces, mucho baile e impresionantes carros alegóricos: los majestuosos desfiles del carnaval de Río, el más popular del mundo, dejan boquiabierto a cualquiera, pero más allá del espectáculo, se trata de una estricta competencia en la que cada décima vale si se quiere ser campeón.
En las tribunas todo es alegría, pero a lo largo del recorrido en "la avenida" Sapucaí que atraviesa el sambódromo la mirada inquisidora de 40 jurados va buscando con microscopio cualquier error en el desfile. Asimismo se vive Sao Pablo, donde se baila a ritmo de Carnaval.
Las escuelas trabajan todo el año para montar un desfile que puede durar como máximo 82 minutos. Está en juego no sólo el cotizado título de "campeón del Carnaval", sino también la permanencia en el "Grupo Especial", que es como la primera división de la competencia. Y es que en este país del fútbol, que recibe el Mundial en tres meses, la lógica no podía ser diferente: la escuela en último lugar cae al "Grupo A" o grupo de ascenso, que es como la segunda división.
Un desfile puede costar entre dos y cinco millones de dólares, tradicionalmente financiados por el juego ilegal, aunque ahora también por empresas brasileñas y extranjeras. Los lujosos trajes usados por algunos de los participantes en los carros alegóricos pueden pesar más de 40 kilos y costar unos 35.000 dólares en materiales, sin contar mano de obra. Confeccionarlos lleva hasta ocho meses de trabajo.
Un brasileño con muy bajos ingresos puede conseguir una entrada popular a unos 15 dólares, pero las mejores pueden llegar a valer hasta 900 dólares.
En cuanto al desfile son evaluados 10 aspectos, para los que se asigna un jurado en cada uno de los cuatro módulos.
La batería y su contagiosa combinación de sonidos de percusión y otros instrumentos típicos del carnaval, como la cuica y el agogó; y también la samba compuesta para contar el "enredo", el tema desarrollado por cada escuela. Igualmente se toma en consideración la armonía con la que todos los integrantes del desfile interpretan la samba a una sola voz.
El ritmo y fluidez con el que discurre el desfile por los 720 metros del sambódromo, la emoción y coordinación de los participantes, también valen puntos. Un atraso en el recorrido o un hueco en el mar de participantes pueden costar el título. De la misma manera, se evalúan también los gigantescos carros alegóricos y los disfraces de los participantes