Nació en la ciudad de Medellín el 14 de septiembre de 1950, siendo su padre Luis Napoleón Saravia y su madre Dora Gómez, y de esta unión también nacieron sus hermanos Alejandro y Orlando (fallecidos), y Patricia.
Radicado con su familia a partir de 1957 en Santa Marta. Cursó estudios secundarios en el Liceo Celedón, del cual se graduó en el año 1969 en la 'promoción de oro'. Durante la secundaria conoció a su gran amor, su esposa Margarita de Saravia con quien se ennovió desde muy joven y formó un hogar basado en el amor, el respeto, los valores.
Realizó sus estudios universitarios de medicina en la Universidad de Antioquia, allí se casó con Margarita y nacieron sus dos primeros hijos, Iván Darío y Gisela.
Finalizados sus estudios con éxito, regresó para cumplir con el año rural que lo llevó a cabo en Ciénaga, rotando por diversos corregimientos de la Zona Bananera, cuando aún esta no era un municipio. Después, se trasladó a Santa Marta, donde trabajó en varias instituciones. En ese lapso de tiempo nació su tercera hija Mónica. Luego se trasladó a la ciudad de Bogotá, donde se especializó en medicina interna y cardiología en el Hospital Militar. En esta ciudad nació su cuarta y última hija Jackeline.

Regresó nuevamente a Santa Marta, donde ejerció su profesión convirtiéndose en un prestigioso médico especialista, siendo pionero en cuidados intensivos y en la adquisición de modernos equipos, mejorando el nivel científico de la ciudad. Así mismo, fue socio fundador de la Clínica la Milagrosa, a la que llamó así al ser gran devoto de la virgen Milagrosa. Incursionó en la política con éxito. Fue elegido concejal de Santa Marta en el año 1990; posteriormente salió elegido para la Cámara de Representantes en las elecciones de 1994 y 1998 por la circunscripción del Magdalena.
Fue un excelente familiar, esposo y padre amoroso, quien siempre se esforzó por compartir tiempo de calidad por su familia y por hacer sentirlos a todos muy especiales. Abuelo consentidor de 8 nietos a los que mimó hasta que sus fuerzas se agotaron. Su familia y amigos recuerdan con mucho cariño cómo siempre tenía una salida para cada cosa, todos recuerdan esa cualidad de sacar la chispa en el momento preciso, apunte de lo que era y como era.
La sociedad samaria pierde a uno de sus grandes retoños, su esposa, hijos y nietos al faro luminoso que los guió y sus amigos, al incomparable ser humano que siempre tuvo en sus labios el consejo oportuno, la solidaridad ante las desdichas y el fino apunte para sacar sonrisas a pesar de las tristezas.