A sus 14 años empezaron apariciones que la llevaron a luchar por recibir la Santa Comunión.
Nació el 7 de enero, de 1844 en el pequeño pueblo de Lourdes, en las hermosas montañas de los Pirineos franceses; en la unión entre Francisco y Luisa Casterot, quienes le infundieron el amor y la resiliencia tras haber pasado tiempos de escasez.
También, creció junto a sus hermanas mayores de las que Bernardita era la primera, después de ella venía Toinette (dos años y medio más joven), y luego los dos varones, Jean-Marie y Justin.
Al ir a Bartres le prometieron que podría prepararse con el sacerdote del lugar para hacer su Primera Comunión. Tenía casi 14 años y era la única niña de su edad en Lourdes que no la había recibido. Pero al ver que era muy buena en su trabajo de pastora de ovejas, la obligaban a pasar más tiempo y esto no le permitía asistir a las clases de catecismo.
Los dos niños de la familia donde vivía se marchaban todas las mañanas a las clases de catecismo, mientras a ella le exigían marcharse al campo a pastorear. Esto le dolía mucho en su corazón.
Luego comenzaron las apariciones, por lo que ella buscaba con todo su corazón recibir la Santa Comunión.
Bernardita, al verse impedida de recibir la comunión, recurrió a la Virgen, rezando diariamente el rosario y la Virgen le abrió las puertas. La Virgen sabía que puede confiar en ella el trascendente mensaje que desea comunicar al mundo.
Finalmente, fue el sacerdote de Bartres, Abbé Arder, quien pudo captar la excelencia de su corazón.
Ni la ignorancia, ni la pobreza, ni el aspecto enfermizo de Bernardita le previnieron de apreciar en ella la simplicidad y la piedad de la fe.