El once de octubre, días después de celebrar su nonagésimo cumpleaños, emprendió el viaje hacia la vida eterna la prestante dama samaria doña Alicia Lacouture de Abello. Nació ella en el hogar formado por don Carlos Aurelio Lacouture Daza y doña Rosa Dangond de Lacouture.
Contrajo matrimonio con el caballero oriundo de la misma ciudad don Víctor Abello Noguera, quien le antecedió en el tránsito a la estancia celestial, unión prolífica de la que brotaron sus hijos Víctor Manuel, Lucila María de Socarrás, Margarita Rosa de Vives (huésped del Señor en el Cielo), María Cristina de Bolívar, Alicia Ester de Ceballos, Ana Cecilia de Solano, Juan Carlos y Beatriz Eugenia de Martínez.
La ilustre extinta estuvo adornada de excelentes atributos y virtudes; gozó del aprecio y del afecto de todos los círculos sociales. De temperamento extrovertido, jovial y amigable. De arraigada convicción religiosa. Católica doctrinaria y practicante. Animosamente activa y diligente. De mente clara y vigorosa; la lucidez la acompañó hasta el hálito final. Mantuvo incólume la cohesión filial y fraternal de su numerosa descendencia a base de discreto liderazgo matizado de afecto, amabilidad y templanza.
Espléndida anfitriona. Conservó inalterable la costumbre de congregar a manteles en almuerzo sabatino el núcleo de sus más profundos afectos y a parientes y amistades entrañables. En el seno familiar deja hondo vacío y pesar inmenso la ausencia de la muy querida "abuela", adjetivo tierno con el que se le solía invocar. Su singular talante marcó impronta indeleble. Su estampa y el eco de su voz sobreviven en el recuerdo. De negros crespones se viste el recinto decoroso que le brindó albergue tutelar. Mustios están los corazones de sus hijos, yernos, nuera, nietos, biznietos, hermanos, familiares y amigos, por causa de su partida sin retorno, a quienes sólo les mitiga la tristeza el bálsamo piadoso de saber que su alma de cristiana ingresó al reino de la felicidad perpetua que el Dios misericordioso y providente tiene reservado para los que peregrinan por la tierra pletóricos de fe y de confianza en Él; dones eximios que abundaron en el espíritu de la distinguida matrona que mutó el solar terreno por las andas en las que, un séquito de ángeles, acompañado de coros celestiales, la entronizaron en el sitial dichoso que disfrutan los justos al lado del Supremo Creador. Gloria a Dios.
Hoy sus hijos, familiares y amistades honran su memoria con una Santa Misa a las 5:00 de la tarde en el Seminario Mayor.