En la celebración de los quinientos años de la fundación de nuestra ciudad de Santa Marta, la diócesis de Santa Marta quiere que esta novena disponga los corazones y el alma de todos los devotos para la celebración de nuestra patrona, Marta de Betania, la amiga de Jesús.
Hay un elemento de fondo que hace brotar nuestra acción de gracias al Señor de la historia por sus sabios designios: el aniversario de la fundación de la ciudad nos impulsa a agradecer estos 500 años de fe, evangelización y cultura
La providencia de Dios -que sabe realizar su plan a través de los planes de los hombres- envió los misioneros que trajeron el evangelio a estas tierras a partir del 29 de julio de 1525; y, de esta manera, la nueva ciudad quedó dedicada, desde el principio, a Marta de Betania, la discípula de la fe y del servicio.
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Según cuentan los evangelios de Lucas y de Juan, santa Marta vivía en Betania y era la hermana mayor de Lázaro y María. Betania distaba unos tres kilómetros de Jerusalén, en el camino que iba a Jericó. En varias ocasiones los evangelios hablan de la estadía de Jesús en ese poblado. Es probable que Betania representase para Jesús un lugar apacible y un verdadero hogar de amigos. Allí, el Señor encontraba el descanso y el consuelo.
Según la tradición, después de la muerte de Jesús, Marta siguió viviendo en Betania, la aldea palestina que hoy se conoce como El- Azariyeh. Dio testimonio como discípula de Jesús y se distinguió por su amor a la escucha de la Palabra -¡siguiendo el consejo de su amigo Jesús!- y por su espíritu de servicio, reconociendo en todo peregrino al mismo Cristo.