El papa Francisco presidió la misa del Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro ante más de 30.000 personas, después de que le viernes decidió no acudir al Coliseo de Roma para el vía crucis para cuidar de su salud.
El pontífice argentino apareció en buena forma, al igual que este Sábado cuando presidió la misa de la Vigila de Pascua, una ceremonia de casi tres horas, y tras la ceremonia del domingo saludó en papamóvil a los fieles que acudieron a San Pedro.
En la plaza de San Pedro, había más de 350 religiosos entre cardenales, obispos y sacerdotes para concelebrar con el papa.
El atrio de la basílica apareció decorada con decenas de miles de flores gracias a la aportación de los floristas holandeses y la colaboración de los trabajadores del Servicio de Jardines y Medio Ambiente.

Tras la ceremonia, en la que no hubo homilía, Francisco se asomó a mediodía a la Logia central de la basílica de San Pedro, desde donde pronunció el mensaje pascual e impartió la Bendición urbi et orbi.
“Hoy resuena en todo el mundo el anuncio que salió hace dos mil años desde Jerusalén: Jesús Nazareno, el Crucificado, ha resucitado (cf. Mc 16,6). La Iglesia revive el asombro de las mujeres que fueron al sepulcro al amanecer del primer día de la semana. La tumba de Jesús había sido cerrada con una gran piedra; y así también hoy hay rocas pesadas, demasiado pesadas, que cierran las esperanzas de la humanidad: la roca de la guerra, la roca de las crisis humanitarias, la roca de las violaciones de los derechos humanos, la roca del tráfico de personas, y otras más. También nosotros, como las mujeres discípulas de Jesús, nos preguntamos unos a otros: ¿Quién nos correrá estas piedras? (cf. Mc 16,3)”, expresó Francisco.
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El pontífice añadió: “Y he aquí el gran descubrimiento de la mañana de Pascua: la piedra, aquella piedra tan grande, ya había sido corrida. El asombro de las mujeres es nuestro asombro. La tumba de Jesús está abierta y vacía. A partir de ahí comienza todo. A través de ese sepulcro vacío pasa el camino nuevo, aquel que ninguno de nosotros sino sólo Dios pudo abrir: el camino de la vida en medio de la muerte, el camino de la paz en medio de la guerra, el camino de la reconciliación en medio del odio, el camino de la fraternidad en medio de la enemistad”.
El pasado viernes, a pocos minutos del inicio del vía crucis, la oficina de prensa del Vaticano informó de que "para salvaguardar la salud ante la vigilia de mañana y la Santa Misa del Domingo de Resurrección", Francisco seguiría el vía crucis del Coliseo desde su residencia, la Casa Santa Marta, lo que hizo que crecer la preocupación por la salud del pontífice.
El año pasado tampoco Francisco, que acababa de salir del hospital por una bronquitis, acudió al Coliseo por recomendación de los médicos y seguramente así fue también en esta ocasión después de las dos horas que duró la celebración de la Pasión del Señor en la tarde de ayer y el frío y la humedad en la noche romana.
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Francisco, de 87 años, que ha padecido problemas respiratorios en los últimos tiempos, presidió, aparentemente sin problemas, la misa del Jueves Santo en una cárcel de mujeres de Roma y este viernes la ceremonia de la pasión de Cristo en la basílica de San Pedro.