Lo que había sido anunciado como una solución inmediata para restablecer el paso entre La Guajira y el Magdalena, hoy afronta un nuevo revés. En la madrugada de este martes, una creciente del río Mendihuaca arrasó con los avances del pedraplén que se construía para habilitar el tránsito vehicular en ese sector de la troncal del Caribe.
El Gobierno Nacional, a través de la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, había informado el pasado 23 de febrero sobre la implementación de esta estructura provisional que permitiría, en pocos días, reactivar la movilidad desde La Guajira hacia Santa Marta y Barranquilla. Sin embargo, la fuerza del río cambió nuevamente el panorama.
El pedraplén, diseñado con una base de piedra, arena, tubería y subbase granular para permitir el paso de vehículos sin afectar el flujo del agua, no resistió la creciente, dejando en evidencia la vulnerabilidad de esta solución frente a las condiciones climáticas de la zona.
Una solución que no logró consolidarse
La intervención buscaba evitar el aislamiento de comunidades y sectores económicos que dependen de esta vía, especialmente el turismo y el comercio entre Magdalena y La Guajira. No obstante, la emergencia vuelve a poner en pausa la conectividad en este corredor estratégico.
Habitantes y transportadores expresan preocupación, ya que esta vía es clave para el traslado de productos, el acceso a servicios y la movilidad diaria de cientos de personas que dependen de esta conexión.
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Por ahora, se espera un nuevo pronunciamiento de las autoridades sobre las acciones a seguir, mientras persiste la incertidumbre en la región.
La emergencia sigue marcando el ritmo de la obra
Cabe recordar que, según lo anunciado por el Gobierno, el pedraplén era una solución temporal mientras se adelantaba la demolición del puente afectado y la posterior instalación de una estructura metálica.
Sin embargo, este nuevo evento natural evidencia los retos que enfrenta cualquier intervención en el río Mendihuaca, especialmente en medio de una temporada de lluvias que incrementa el caudal y la fuerza del afluente.
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La situación deja entrever que, más allá de soluciones rápidas, el desafío sigue siendo garantizar una infraestructura resistente y segura que no dependa de condiciones climáticas cambiantes.