Concurrido sepelio de jóvenes que atropelló bus interdepartamental

La Guajira
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

El pueblo de Rioancho acompañó a sus paisanos hasta su última morada, la mayoría de los pueblos vecinos y del municipio de Riohacha que le dieron un adiós.

Sus familiares y amigos lloraron sus partidas y los describían como unos jóvenes trabajadores, serviciales y alegres. Niños, adolescentes y adultos se vieron muy afectados y con profunda tristeza despidiéndolos en el cementerio de Rioancho.

El multitudinario sepelio contó con la presencia de personalidades representativas de toda La Guajira, quienes entre lágrimas y oraciones expresaron su apoyo a la familia que despidió a sus únicos dos hijos, ejemplos de la sociedad rioanchera por su carisma y amor, por el estudio que querían poner al servicio de su pueblo.

Los hermanos Willinton y Wildor eran hijos únicos del hogar conformada por Willy Amador jefe de familia y la profesora Marta González.

A los muchachos les tenían respeto y admiración en todo el pueblo rioanchero, se caracterizaban por ser jóvenes alegres y serviciales, sobre todo por ser muy trabajadores.

Mientras estaban en el pueblo madrugaban a trabajar en la finca de sus padres; eran tan conocidos que ya los referenciaban en pueblos vecinos y tenían amistades a lo largo y ancho del municipio de Dibulla.

Willinton, quien en este mes de junio cumpliría 18 años, era el hijo mayor de la familia Amador González, tomó grado como bachiller agropecuario en el colegio Inetram de Mingueo, donde los profesores lo recuerdan como un excelente estudiante, colaborador, atento y disciplinado.

Era estudiante de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, cursaba tercer semestre y había llegado a su tierra natal por vacaciones.

Wildor, era un niño colaborador, audaz y tierno de 14 años; de muchos amigos quien admiraba a su hermano y respetaba sus disposiciones.

Lo acompañaba siempre a realizar las labores de la finca familiar y regresaban después de la jornada con los productos que ellos mismos trabajaban, de vez en cuando ordeñaban las vacas, hacían queso y suero.

El día del accidente, como siempre, pasaron saludando a todos los que iban por el camino con la alegría que los caracterizaba. Hoy su pueblo llora amargamente su partida.

Una escena conmovedora se vivió ayer cuando los mismos trabajadores lloraban sin cesar, le daban golpes al pavimento; algo parecido hacían otros habitantes del poblado.

Síganos en nuestras redes

Más Noticias de esta sección