¿Identidad cultural?

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Los clientes arrasaron con todas las cajas de chocolate, flores, perfumes, muñecos de peluche, gadgets, libros, tortas, etc. Los restaurantes, atiborrados, y los mensajes en idioma inglés saturaron las redes sociales. El comercio estuvo de plácemes y, detrás de ellos, los productores. Qué lindo "nuestro" día de San Valentín. Las cosas del esnobismo: muchos celebran una fiesta proveniente del extranjero sin conocer su significado.

La globalización es inevitable, necesaria y positiva; demuele barreras, borra linderos, tiende puentes y acerca a los pueblos. No obstante, cada nación tiene su idiosincrasia, su vida parroquial si se quiere, y, desde luego, sus celebraciones propias que dinamizan los mercados locales, incluso los globales cuando esas festividades sobrepasan lo sufragáneo, favoreciendo toda la cadena de valor; para todos hay beneficios.

Con ocasión de la fiesta de San Valentín, ajena a nuestra cultura (tenemos el equivalente en el día del Amor y la Amistad que cae en septiembre), los floricultores colombianos exportaron a los Estados Unidos sus apreciadas flores para celebrarla. Los exportadores colocan un 75% de las que se venden ese día en ese país.

Es el mayor renglón de exportación de cultivos no tradicionales, y el segundo después del café. Los cultivadores nacionales sí tienen motivos para celebrar cada 14 de febrero, así el mercado local poco se incremente en esa fecha y en general la gente no sepa que se celebra.

Cuenta la leyenda que en la Roma del siglo III a los soldados les era prohibido casarse para evitar que pensaran en sus familias durante las batallas y ganaran en ferocidad. El sacerdote Valentín, que ejercía en Roma durante el mandato de Claudio II, celebraba en secreto las bodas de esos legionarios. El emperador se enteró, apresó a Valentín y le ordenó a Asterius que lo ejecutase.

El oficial puso a prueba al sacerdote, retándolo a darle la vista a su pequeña hija, ciega de nacimiento; la niña comenzó a ver gracias al clérigo. El soldado romano se convirtió al cristianismo, pero Valentín siguió preso y fue ejecutado el 14 de febrero del año 270.

La pequeña Julia -así se llamaba la pequeña- en agradecimiento plantó un almendro junto a su tumba. Por eso, es el símbolo de amistad y amor duraderos, y por eso cada 14 de febrero muchos enamorados y futuros contrayentes acuden a la basílica de Terni (Italia), donde reposan los restos mortales de San Valentín, a celebrar su compromiso matrimonial.

Los norteamericanos adoptan esta costumbre desde 1840, cuando Esther Howland comenzó a vender masivamente tarjetas postales de enamorados con figuras de Cupido o de corazón, conocidas como "valentines". Lo que no vino de Cinecittà lo hizo desde Hollywood.

Además de las fiestas y celebraciones civiles y religiosas oficialmente consignadas en el calendario, Colombia tiene más festividades que poblaciones: cada una tiene la suya. Unas muy conocidas y populares, otras un poco menos con impacto regional y, la mayoría, perdidas en la anónima celebración de lejanos municipios. Se festejan por igual los Carnavales y el samuro blanco, la panela y el dividivi, el bambuco y el caimán, muchos santos, acordeones, tiple, bollo dulce, cometa y butifarra; la identidad local se refuerza cada año.

Pero a veces puede más la influencia foránea reforzada por los medios masivos a riesgo de caer en la transculturización o, peor, en la aculturización. ¿Tiene sentido que algunos colombianos raizales celebren el "thanks givingday", celebración propia de Estados Unidos y Canadá? O, más ridículo, ¿the Independence Day? ¿El San Genaro de los napolitanos, el St. Patrick´s day de los irlandeses o el Año Nuevo chino? Todavía un Ocktoberfest por aquello de las birras, quizás las fiestas de San Isidro en Madrid pues todos los países tienen labranzas, y aún el Día de los Muertos en México por la cercanía sincrética religiosa. Pero, vamos. A este paso, pronto no sabremos de qué país somos y a cual cultura pertenecemos.

Urge que las autoridades nacionales, regionales y locales retomen el asunto de la identidad cultural: una cosa es enriquecer la cultura propia incorporando elementos de otras naciones (ha pasado siempre y seguirá sucediendo) y otra muy distinta es perder la esencia que nos caracteriza. Estamos en mora de trabajar en ello, antes de que nuestros gobernantes olviden qué es y cuán importante es la identidad cultural.

Apostilla 1. ¿Es cierto que las nuevas líneas férreas serán de ancho métrico y no de ancho internacional (Stephenson) que se usa en el 60% del planeta?

Apostilla 2. El Ministro de Salud pretende legislar mediante una resolución que cambia el modelo de salud, con simios tamaño King Kong. ¿Estará o no enterado el presidente -candidato? ¿Sabrá el ministro que el único cuerpo legislativo de Colombia es el Congreso de la República? ¿Qué dicen los jueces y futuros legisladores de semejante adefesio?

Apostilla 3. "Pacheco" representó ese personaje bonachón que todos quisiéramos ser. Sin excepción, se ganó el cariño de todos los colombianos de varias generaciones. Nos deja un legado imborrable y valioso.

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