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Unión de mi gente

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Tenía pensado escribir sobre la elección de Uribe como el personaje que representa en su humanidad a Colombia. Iba a darles la razón a esos que votaron por él en la encuesta de The History Channel: en verdad ese expresidente es igualito a una parte de este país. Qué se le va a hacer. Había considerado, también, decir algo acerca del valiente editorial de Fidel Cano en El Espectador (diario coorganizador de El Gran Colombiano), en el que lo dice claro: ese personaje, Uribe, no nos representa, y sí lo hace, en cambio, Gabriel García Márquez. ¿Quién sino él? Pero no, no voy a partirme la cabeza tratando de entender al pueblo colombiano (al que no lo entiende nadie), especialmente cuando en mi fuero interno estoy casi seguro de que el grueso del "pueblo colombiano" no tuvo nada que ver en ese ridículo resultado, pues ya puedo imaginarme al tropel de mercenarios a los que pagaron para que cada uno hiciera clic siete veces siete a favor del que resultó ganador. Así logran las cosas. En fin, han sido unos días muy lindos, y no voy a dañarlos. ¡El Unión vuelve a la carga!

Hoy (¿o mañana?) el equipo de Santa Marta enfrenta su hora decisiva: pagar la cuota inicial del regreso a la categoría A profesional, enfrentamiento mediante con otro equipo del Caribe colombiano, de la Colombia caribeña: Uniautónoma de Barranquilla. Sí, un duelo fraticida en el que, lamentablemente, habrá de caer alguno de los nuestros, pero en el que decididamente voy por el Unión Magdalena, como todo aquel que tenga el corazón enquistado entre la Bahía y la Sierra. Más allá de lo futbolístico, lo importante será, otra vez, que la gente se una alrededor de un símbolo, amistarse en torno de un objetivo común con el que se tiene una relación de sangre. Son 60 años los que ha cumplido el Ciclón Bananero (bautizado así por el ya ido costarricense Carlos Arturo Rueda, en alusión al San Lorenzo argentino, a propósito del uniforme), campeón de 1968, equipo nodriza de Carlos Valderrama: un verdadero gran colombiano, quien lideró con orgullo la izada de la bandera de los colores primarios, en medio planeta, durante más de diez años.

Hay mucha gente molesta con la sorda dirigencia del equipo, y por eso mismo el azul-grana ha perdido algo de afición sincera con el paso de los años, especialmente con el asunto de la B. La pregunta es: ¿deben pagar el equipo, y los aficionados, las culpas de los que manejan lo que es circunstancialmente capital privado como si fuera una empresa cualquiera, que no depende de la tribuna para existir? La respuesta es una obviedad, pero no está de más recordárselo a quien sea que decida sobre el Unión Magdalena. Un equipo de fútbol no es una camiseta, ni un estadio, ni un nombre siquiera: es su gente. Santa Marta necesita volver a ser la ciudad de principios del siglo pasado, cuando, mientras en Colombia se lo desconocía, en la Perla de América ya se jugaba con propiedad el fútbol que los húngaros habían traído atravesando el mar. El entrañable Unión, que no es de los grandes, pero sí de los criollos, viene a ser el heredero directo de esa tradición: ¿cuándo se ha visto a un samario jugando mal a la pelota? Todo sería cuestión de ver cómo se le quita lo privado al inverosímil dueño de lo público; a ver quién es el real gran colombiano que se anima y lo hace.



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