A propósito de Rubén Darío

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

El mes de enero trae sus efemérides importantes. Edgar Allan Poe y Paul Cézane nacieron un 19 de enero, en 1809 y 1839, respectivamente. El 23 de enero de 1783 nació Stendhal, (Henri Beyle), pero también en esa fecha (1904) nació Salvador Dalí, quien murió otro 23 de enero, en 1989. Cada uno de estos hechos, por si solos, serían motivos para escribir una nota cultural. Sin embargo, es el poeta Rubén Darío quien ocupa el centro del presente artículo periodístico. Así, hablemos del "Príncipe de las letras castellanas".

Nació Rubén Darío el 18 de enero de 1867 en Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua. Su verdadero nombre era Félix Rubén García Sarmiento. Demostró su talento cuando tenía 12 años al publicar su primer soneto, titulado 'La Fe'. A los 13 años aparecen en el periódico 'El Termómetro' otros versos suyos. Fue el poeta de lengua castellana más influyente y destacado de su época.

Rubén Darío se trasladó a Chile en 1886; en Valparaíso publicó 'Azul' en 1888. Contrajo matrimonio en San Salvador con la dama Rafaela Contreras. Se trasladó a Guatemala y luego pasó a España, en 1892. A su regreso a América, dos años después, residió un tiempo en Buenos Aires, donde lideró el movimiento modernista con Leopoldo Lugones y el boliviano Ricardo Jaimes Freyre.

Viajó de nuevo a Europa como corresponsal del diario argentino 'La Nación'. Residió en Madrid y Paris y se casó con Francisca Sánchez en 1901. Su país lo nombró ministro plenipotenciario en España en 1909. Regresó a Nicaragua y murió en la ciudad de Leon el 6 de febrero de 1916. La producción literaria de Rubén Darío es extensa. Entre sus obras destacamos 'Epístolas y poemas', 'Abrojos', 'Rimas', 'Canto épico a las glorias de Chile', 'Azul' (1888), 'Primeras notas', 'Los raros', 'Prosa profanas', 'España contemporánea', 'Peregrinaciones', 'La caravana pasa' (1902), 'Cantos de vida y esperanza' (1905), 'Canto a la Argentina', 'Poemas de otoño' y 'Canción de otoño en Primavera', aquel poema que dice "Juventud, divino tesoro, / ¡te fuiste para no volver! / Cuando quiero llorar no lloro / y a veces lloro sin querer."

Se considera a Rubén Darío "el padre del modernismo literario". Él consiguió extraer la esencia del simbolismo francés para unirla al esplendor de la forma del parnasianismo. Los poetas modernistas experimentaron con versos alejandrinos (de catorce silabas) y de esa manera crearon el soneto modernista, diferente del clásico italiano, de once silabas. Innovaron también con la combinación de versos cortos y largos en una estrofa.

El verso libre les permitió romper las ataduras que la métrica estricta imponía a la poesía. Para los modernistas el ritmo es elemento importantísimo en el verso. Los acentos, bien distribuidos, dan la sensación de marcha en el poema.

Ejemplos del ritmo y la sonoridad combinados magistralmente en la poesía los hallamos en 'Marcha triunfal' de Rubén Darío: "¡Ya viene el cortejo! / ¡Ya viene el cortejo! / Ya se oyen los claros clarines. / La espada se anuncia con vivos reflejos; / ya viene el cortejo de los paladines." Otras características del modernismo se aprecian en sus poemas 'los motivos del lobo', 'Yo soy aquel' y la conocidísima 'Sonatina': "La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color."

Para concluir este artículo no está de más recordar una anécdota: Otto De Greiff, hermano del poeta colombiano León De Greiff, participó en un concurso de poesía en honor a Rubén Darío y resultó ganador del certamen. Había utilizado el seudónimo 'León Metapa' en homenaje a las ciudades Metapa, cuna del poeta nicaragüense, y León, donde falleció.

Muchos creyeron entender que Otto, musicólogo e ingeniero pero no poeta, quería decir que la sombra de su hermano León lo tapaba u opacaba. Eso dio pie para se pensara que había sido León De Greiff el autor de la obra ganadora. Nunca supimos si la duda se aclaró algún día.

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