El juego de las Farc

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Escrito por:

Juan Echeverry Nicolella

Juan Echeverry Nicolella

Columna: Purgatorio

e-mail: juanecheverry@hotmail.com

Twitter: @JPEcheverry



Hay quienes creen en los cambios drásticos y en el uso de la violencia para destruir los problemas estructurales que tiene nuestra sociedad. Pero también estamos los que pensamos en las instituciones como mecanismo para resolver nuestros problemas, reconocemos errores en ellas y creemos en las reformas paulatinas para solucionarlos sin violencia.

Dentro de los que pertenecen al pensamiento revolucionario del primer grupo, encontramos a muchas organizaciones armadas al margen de la ley por todo el planeta. Pero en Colombia nuestros "revolucionarios" no solo justifican la violencia, los asesinatos, las extorsiones y los secuestros. En estas tierras se dan también el lujo de elegir el poder ejecutivo. Si, aunque suene terrible debemos reconocer que en nuestro país los violentos manipulan el contexto social para escoger al Presidente de turno, nos utilizan y no está bien que lo sigamos permitiendo.

Nos cansa su violencia y cuando llegamos al límite de la paciencia, votamos masivamente por algún líder de mamo dura para que acabe con ellos. Pero cuando dan alguna señal de voluntad de paz (paz que definitivamente nunca han querido ni buscado), acudimos a las urnas para definir quién nos guiará hacia el sueño deseado por todos. Hemos caído siempre en el juego y no digo que no sea valido querer una cosa o la otra. El problema es que estos bandidos usan nuestra angustia. Nos han hecho sufrir tanto que queremos siempre encontrar soluciones inmediatas a cualquier costo.

Lo que no había pasado nunca antes en Colombia es que un Presidente se elija usando como bandera la tesis de la mano dura y luego pretenda reelegirse con la de la paz. Analizando el panorama político de cara a las próximas elecciones presidenciales, con Juan Manuel Santos eso nos puede pasar. No solo es muestra de la incongruencia de las ideas o políticas del Presidente-candidato; sino también del abuso en la forma con que las Farc están jugando con nuestro país.

Es preocupante que así el embeleco de la paz vaya mal, tanto al gobierno como a las Farc les conviene demostrar lo contrario. Al gobierno para reelegirse y a las Farc para reorganizarse, buscar legitimidad internacional y descansar. Pero el del afán solo es el gobierno porque las Farc han visto pasar Presidentes uno tras otro durante las últimas décadas sin inmutarse. Sin interesarse de verdad por el bienestar general o el futuro de los colombianos.

Para los que no queremos dejarnos imponer este jueguito de los bandidos de las Farc, es el momento de estar alerta. Por eso digo desde ya, que no votaré por el Presidente Santos.

Me gustaría en cambio participar como ciudadano en la elección de un Presidente que proponga el desarrollo económico del país desde las regiones, que se preocupe por la educación con calidad de nuestros jóvenes y que crea firmemente en la seguridad como valor democrático ligado a la justicia y en contra de la impunidad de los criminales que atentan contra nosotros.

¿Será mucho pedir? Pues parece que no: tremenda sorpresa me llevé al darme cuenta de que esos son algunos de los puntos de la propuesta de uno de los actuales precandidatos en Colombia.

Se trata de Óscar Iván Zuluaga, un caldense casado con una mujer costeña, que fue reconocido como el mejor Ministro de Hacienda de América Latina en 2009. Mientras otros intenten jugar con nuestros dolores, valdrá la pena conocerlo mejor a él y a quienes propongan soluciones prácticas y reales para nuestros problemas.

Desde ahora es importante conocer qué candidatos parten del respeto a las instituciones y de la lucha contra la corrupción, sin pretender entregarnos a ningún modelo comunista que niegue las libertades económicas e individuales.

Ñapa: ojalá las élites que defienden la negociación de nuestros modelos de desarrollo económico con comunistas recuerden que donde quiera que el comunismo ha conseguido poder, ellos han sido los primeros sacrificados. En Francia con la guillotina. En China con la muerte y el trabajo forzado. En Rusia a punta de prisión y ejecuciones.



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