El país que decide

Columnas de Opinión
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La segunda vuelta presidencial avanza y, paradójicamente, buena parte de la discusión pública no gira alrededor de Abelardo De la Espriella ni de Iván Cepeda. Gira en torno a Gustavo Petro. Esa circunstancia merece atención porque, en una elección donde los ciudadanos deben escoger entre dos candidatos, el protagonista sigue siendo el presidente de la República.

Nadie puede sorprenderse porque Petro respalde a Cepeda. Sería extraño que ocurriera lo contrario. Lo llamativo es el nivel de involucramiento que ha asumido. En varios episodios recientes, la campaña oficialista parece reaccionar más a las intervenciones del presidente que a las iniciativas de su propio candidato. La consecuencia es evidente: mientras De la Espriella busca consolidar apoyos para la segunda vuelta, Cepeda sigue compartiendo escenario político con quien gobierna.

Más difícil resulta entender lo ocurrido después de la primera vuelta. Petro cuestionó públicamente los resultados preliminares y habló de presuntas inconsistencias relacionadas con el censo electoral. Primero llegaron las dudas sobre los resultados. Después vino el reconocimiento de Cepeda: que no existían pruebas para respaldarlas. Eso deja una pregunta inevitable, si el tema no era repentino: ¿por qué el argumento apareció únicamente después de conocerse el resultado electoral?

Los escrutinios avanzaron, las comisiones electorales hicieron su trabajo y las inconsistencias denunciadas no aparecieron. Tampoco se conocieron objeciones de las misiones internacionales de observación electoral. Por el contrario, las organizaciones que acompañaron el proceso validaron el desarrollo de la jornada. A estas alturas, la discusión parece haber producido más ruido político que resultados concretos.

Algo similar ocurre con la Asamblea Constituyente. Durante meses se promovió la recolección de firmas para respaldarla. Sin embargo, en plena campaña de segunda vuelta apareció la decisión de suspender ese proceso. Resulta difícil no relacionar ese cambio con la coyuntura electoral. Más aún cuando Petro había prometido durante su campaña presidencial que no acudiría a ese mecanismo. Hoy la recolección de firmas se detiene, pero el comité promotor continúa vigente ante las autoridades electorales. La discusión, por tanto, sigue abierta.

En una entrevista reciente, el estratega Ángel Beccassino formuló una observación que merece consideración. Según su análisis, Petro terminó absorbiendo una visibilidad política que debería recaer sobre Cepeda. Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el comentario toca un punto sensible: ¿es conveniente? Creo que sí, pero para la campaña de Abelardo De la Espriella.

No se trata de un detalle menor. En una campaña presidencial normalmente se espera que el candidato ocupe el protagonismo de la discusión pública. Sin embargo, durante las últimas semanas buena parte de los titulares, las controversias y las respuestas políticas han girado alrededor del presidente. Esa circunstancia termina trasladando la atención hacia quien ya gobierna y no necesariamente hacia quien busca llegar al poder. 

La elección sigue abierta. Los apoyos anunciados, las alianzas y las adhesiones tendrán importancia. De aquí al día de la elección seguirán los respaldos, las polémicas y los movimientos políticos. Sin embargo, ninguna campaña gana en los micrófonos: las elecciones se ganan con votos.

Columna de Opinión e-mail: emcastroc@yahoo.com

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