Hoy en Colombia habrá, sin importar qué sucedió ayer, millones experimentando tristeza, rabia, desilusión e impotencia. El propio guayabo moral, como dicen por estos lados.
El llamado es a la tranquilidad y a la calma. Si usted es de los que amenazó en X con cerrar su empresa y echar a la calle a sus quinientos empleados e irse del país, solo porque sonaba terroríficamente persuasivo, hoy tiene que lidiar con la realidad de que ni empresa tiene. Peor, que ni siquiera puede irse del país porque está reportado en Datacrédito, nadie le presta para los tiquetes, y para colmo de males, los bancos y la Dian lo tienen embargado. Aquí lo recomendado es cogerla suave porque el menor de sus problemas es quién ganó o perdió. Su candidato no lo iba a sacar de la inmunda de la noche a la mañana. Pero si lo hace feliz, por lo que resta de la semana, comience a echar a sus empleados imaginarios; esto lo mantendrá ocupado por un buen rato hasta que retorne la retrechera serenidad.
Que el guayabo moral no lo lleve a darle duro a la botella. Aunque ya no hay ley seca, es una buena idea que actúe por unos días como si todavía estuviera en rigor.
Por su propia salud mental y emocional, a menos que tenga inclinaciones masoquistas, aléjese de las redes sociales por unos días. No convierta X, Facebook o TikTok en consultorio psicológico. Las redes no son terapia. Son un coliseo romano emocional donde personas profundamente infelices intentan destruirse mutuamente desde cuentas con fotos tomadas hace doce años y biografías que dicen “empresario”, “librepensador”, o “humanista”.
No exponga sus vulnerabilidades ante desconocidos cuyo mayor logro en la vida ha sido aprender a escribir “zurdo empobrecedor” o “facho genocida” en mayúsculas.
No convierta el almuerzo familiar en una sesión extraordinaria de la Corte Penal Internacional. Nadie gana esas discusiones. El país no se arregla destruyendo amistades, acabando matrimonios ni dejando de hablarle a la tía porque comparte cadenas de WhatsApp con el candidato que no es de su agrado.
Que la decepción tampoco lo lleve a refugiarse en la comida chatarra. Por el contrario, coma saludable. Una pizza extra grande acompañada de una dos litros y un galón de helado de chocolate no son la solución, con el agravante de que podrían inducir un indeseable coma diabético. Dios no lo quiera, y quede uno a merced de la salud de Petro. Coma sano, liviano y tome agüita.
Si la vaina es de insomnio y perturbaciones de sueño, no se clave ni en el computador ni en la televisión. ¡Prohibidos! Le recomiendo que lea un buen libro, ojalá uno que le muestre como asimilar los momentos difíciles y aprender a vivir la vida con una mirada filosófica, estoica de ser posible. No sobra recordarle que este no es el momento de probar la marihuana para relajarse ni para el sueño. Si quiere probar algo más sensato, quizás unas gotas de valeriana —que según la tradición republicana parecen funcionar bastante bien a Uribe— sean suficientes para atravesar la semana sin declarar una guerra civil desde el sofá de su casa.
Un Rosario bien rezado, en familia o entre amigos, probablemente haga más por su paz interior que cien horas de discusión política. Porque al final, guste o no guste, lo ocurrido ayer ocurrió porque Dios lo permitió. Y aunque muchas veces no entendamos su pedagogía, el tiempo suele revelar que incluso los momentos más desconcertantes terminan teniendo un propósito.
Por último, imprima estas recomendaciones, peguelas en la nevera o manténgase a la mano, y revísalas nuevamente en tres semanas…de ser necesario.
¡Que tengan una buena semana!