De Quijotes y Sanchos

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger
“Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”. —Jorge Luis Borges

Los dos grandes de la literatura universal —la tradición y la Unesco— nos han contado que murieron el mismo día: el gigante Shakespeare y el titán Cervantes. El dato no es exactamente así. En rigor, Cervantes muere el 22 de abril y es enterrado el 23 en Madrid, mientras que Shakespeare fallece el 3 de mayo según el calendario gregoriano. La Unesco, sin complicarse, unificó la fecha al 23 de abril —al armonizar los calendarios juliano y gregoriano— y así el Día del Libro quedó perfecto.

En el mundo, cada país tiene su celebración particular: en Cataluña se regalan rosas rojas y libros, recordando una vieja leyenda medieval; en el Reino Unido, los niños van al colegio disfrazados de personajes literarios; en Japón, se organizan sesiones de lectura en el metro y en los parques.

Abril es el mes del libro, del idioma, de la literatura y, por extensión, de la poesía, la magia de la narrativa y la ensoñación del teatro. ¿Quién no ha querido, como escribió Jaime Sabines, “en una semana reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra, y prenderles fuego: te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado”, para curarse de ti? ¿O quién no ha soñado con un amor profundo como el de Romeo y Julieta? ¿Cuántas veces no hemos querido ser Quijote y tomar a Rocinante para emprender, junto a Sancho, las aventuras de un mundo que se resiste a desaparecer?

La literatura es una de las formas de resistir en el mundo. Por ello, los libros son los activos más leales: se acumulan junto con el polvo en estanterías infinitas. Todas las grandes empresas de soñarse y pensarse un mundo diferente se hacen con los amigos, con los Sanchos que nos acompañan en cada nueva aventura. La literatura siempre nos ha contado historias de grandes amistades: Frodo Bolsón y Samwise Gamgee, de J. R. R. Tolkien; Sherlock Holmes y el doctor John Watson, de Arthur Conan Doyle; Huckleberry Finn y Jim, de Mark Twain.

La vida es más amena entre amigos. La literatura y las bibliotecas nos regalan la posibilidad de pensar en otros mundos posibles. Abril es el mes del libro y de nuestra lengua maravillosa, pero también es el mes del natalicio de mi primer Quijote: mi papá, quien, antes de cada mercado, compraba un libro y nos acompañó siempre con historias. Feliz cumpleaños, Samuel. Feliz mes del Libro. Celebrar el idioma es habitarlo, y una forma de habitarlo es seguir leyendo y soñando nuevas maneras de vivir el mágico castellano.

 Abril también florece en la amistad. Como esas flores amarillas que irrumpen en las calles y los campos, los amigos llegan a nuestra vida como libros abiertos: algunos nos sorprenden, otros nos transforman, pero todos nos invitan a seguir caminando. Leer, entonces, es una forma de viajar acompañado, de reconocerse en el otro y de ensanchar el mundo con cada página. Que este abril —de libros y de afectos— nos encuentre con un texto en las manos y un amigo al lado, dispuestos a seguir leyendo y, por extensión, a seguir viajando.
Columna: opinión email: alejandrorangelsalamanca@gmail.com