Un vistazo a la carrera presidencial de 2026

Columnas de Opinión
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La política colombiana tampoco atraviesa por su mejor momento y, dentro de ella, el proceso electoral que desembocará en la elección presidencial de 2026 merece una revisión cuidadosa, no tanto por el entusiasmo que genera, sino por las señales que arrojan los primeros datos disponibles.


Para evitar reiteraciones innecesarias, debe indicarse que las cifras aquí mencionadas corresponden a la consulta del Pacto Histórico realizada en octubre de 2025 y a las dos encuestas nacionales publicadas en enero de 2026, contratadas por Semana y por Noticias Rcn, respectivamente.

La izquierda llega a esta etapa con ventaja organizativa. La consulta interna del Pacto Histórico, celebrada en octubre pasado, superó el millón setecientos mil votantes y ratificó a Iván Cepeda como su figura mejor posicionada. Más allá del número absoluto, lo relevante es la demostración de estructura política, disciplina electoral y capacidad de movilización, elementos que históricamente han sido determinantes en elecciones de alta fragmentación.

Las encuestas de enero confirman esa tendencia. Tanto el estudio contratado por Semana como el elaborado para Rcn sitúan a Cepeda en el primer lugar de intención de voto, con registros cercanos al 30 %. No se trata de una mayoría, pero sí de un liderazgo claro frente a un escenario disperso.

En el bloque de la derecha, el fenómeno más visible es Abelardo De la Espriella, quien aparece consistentemente en el segundo lugar, con porcentajes que oscilan entre el 20 y el 22 %. Su crecimiento no se explica por una estructura partidista tradicional, sino por un discurso confrontacional que capitaliza el descontento frente al gobierno actual, la inseguridad y la percepción de deterioro económico. Es una derecha que no busca el centro, sino que apuesta a la polarización como estrategia.

Más atrás aparece un conjunto amplio de precandidatos que podrían agruparse bajo la etiqueta de centro derecha, ninguno de los cuales supera, por ahora, cifras de un solo dígito. Asomándose Paloma Valencia un poco en los resultados. Las encuestas muestran que estas opciones no logran consolidar un electorado propio ni diferenciarse con claridad frente a los extremos. En términos prácticos, el centro político sigue siendo más una aspiración que una realidad electoral.

Un dato que no puede pasar inadvertido es el alto porcentaje de ciudadanos que se declaran indecisos, inclinados al voto en blanco o ajenos a todas las opciones presentadas. En algunos escenarios, este grupo alcanza niveles cercanos a una cuarta parte del electorado, lo que introduce un factor de volatilidad que puede alterar cualquier proyección anticipada.

El panorama, a hoy, sugiere una elección dominada por dos polos con relatos claros, aunque opuestos, y un vacío evidente en las propuestas de convergencia. La izquierda conserva cohesión; la derecha gana terreno desde la confrontación; y el centro no termina de encontrar ni liderazgo ni narrativa.

Aún es temprano para conclusiones definitivas, pero los datos disponibles permiten una advertencia: si la campaña continúa transitando por el camino de la polarización y el electorado moderado no encuentra representación creíble, Colombia podría llegar a 2026 no eligiendo un proyecto de país, sino simplemente descartando el que más le teme.

P. D.: Ojalá esta vez los debates electorales se parezcan menos a trincheras ideológicas y más a ejercicios serios de diagnóstico nacional. El país lo agradecería.

 
Columna de Opinión e-mail: emcastroc@yahoo.com