Facundo Cabral “no era de aquí ni era de allá”

Columnas de Opinión
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Hay dolores que no cesan. El escritor y poeta peruano César Vallejo bien lo expresa en sus versos de Los heraldos negros: “Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé / Como si el odio de Dios se empozara en el alma… / Yo no sé”. Se revive ese pesar siempre que se recuerda la muerte del trovador y cantautor argentino Facundo Cabral.

     No fue un luto físico el que cubrió al mundo de las letras universales; su  absurda desaparición pesa como un manto de plomo sobre los amantes de la música, del arte, de la vida. Que el trovador no esté entre nosotros, es increíble, apenas aceptable con resignación. El crimen ocurrió en Guatemala el 9 de julio de 2011. Un costarricense accionó el arma asesina por órdenes de un cartel mexicano de narcotraficantes. Siempre se ha argumentado que se trató de un lamentable error. El autor material del magnicidio, capturado en Bogotá, fue condenado a cincuenta años de prisión.

     Enrique Facundo Cabral Camiñas nació en La plata, provincia de Buenos Aires el 22 de mayo de 1937. De familia muy pobre. Nunca ocultó su tránsito por los vicios; pero pudo erigirse como persona ejemplar ante los ciudadanos del mundo, hasta el extremo de convertirse en mensajero universal de la paz a nombre de las Naciones Unidas. Basta meditar sobre el pensamiento de Facundo Cabral para comprender la inmensa profundidad de sus sentimientos. No es fácil ignorar algunas de sus reflexiones: “Iremos de uno en uno, después de pueblo en pueblo hasta rodear al mundo con la misma canción”. “Está la puerta abierta, la vida está esperando con su eterno presente, con lluvia o bajo el sol.” “Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla”. El verdadero nombre de este trovador era Rodolfo Enrique Facundo Cabral. Su primer nombre artístico fue ‘El indio Gasparino’, que cambió luego a Facundo Cabral. Solo comenzó a ser conocido después de grabar ‘No soy de aquí ni soy de allá’, en 1970. Debido a su condición de cantautor de protesta se vio obligado a vivir exiliado en México durante la dictadura argentina (1976-1983).

     La libertad es un tema recurrente en la producción musical de Facundo Cabral. Para los jóvenes hay mensajes en ese sentido; pero también para los adultos que voluntariamente se esclavizan dentro de esta sociedad de valores invertidos: “De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir adiós a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido”.

     Cuenta el propio Facundo: “El 24 de febrero de 1954 un vagabundo me recitó ‘El sermón de la Montaña’ y descubrí que estaba naciendo. Corrí a escribir una canción de cuna: ‘Vuele bajo’, y empezó todo”. El cantante tenía entonces diecisiete años y a los catorce ya había ingresado a un reformatorio. Y entre sus incontables mensajes vale la pena destacar este de 1994: “Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el nuevo día. Vive de instante en instante, porque eso es la vida. Me costó cincuenta y siete años llegar hasta aquí. ¿Cómo no gozar y respetar este momento?”.

     La vida de Cabral, ya marcada por el infortunio, sufrió un duro golpe con la muerte de su esposa de 22 años y de su hija recién nacida. Tanto amor quedó frustrado, pero se desbordaba en el corazón del juglar. Era tal su sensibilidad, que despertó en la madre Teresa de Calcuta este comentario: “¡Caramba! ¿Y ahora qué vas a hacer con el amor que te sobra?”.

     Facundo Cabral salió de su hogar desde niño. En una ocasión abordó el vehículo donde viajaba el presidente Perón y abordó a Evita, la primera dama de la Nación. “¿Querías decirnos algo?, preguntó ella. “Sí. ¿Hay trabajo?”, contestó el pibe. “Mira, Juan, por fin hay alguien que nos pide trabajo en vez de limosna”, dijo Evita. Con ese atrevido gesto Facundo consiguió empleo para su madre  y mejoró un poco la situación económica de la familia.

     Según contaba el cantautor, en su vida artística recorrió 159 países. Dejó una discografía de 30 álbumes. En el 2008 fue nominado para recibir el Premio Nobel de la Paz. Su opinión sobre sí mismo retrata de cuerpo entero a este personaje: “Soy violentamente pacifista, vagabundo “firstclass”, anarquista filosófico y contemplativo”. Para reforzar nuestros recuerdos en torno a Facundo Cabral, escuchemos alguna vez, o muchas veces, su canción “Ama hasta convertirte en lo amado”.

Columna: Acotaciones de los Viernes e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es