Han Kang nació en Gwangju, Corea del Sur, el 27 de noviembre de 1970. Antes de lograr el máximo reconocimiento a su recorrido literario, la autora obtuvo galardones significativos, entre ellos, los siguientes: Premio de Novela Coreana (1994); Premio Booker Internacional (2016); Premio Manhae de Literatura de Corea del Sur (2017); Premio Malaparte, en Italia, y Premio Medicis Extranjero (2023). Fue profesora de literatura en universidades de su país y actualmente se dedica por completo a la creación de obras literarias.
Novelas de Han Kang son: ‘Tus manos frías’ (2002), ‘La vegetariana’ (2016), ‘Actos humanos’ (2017), ‘Blanco’ (2018), ‘Imposible decir adiós’ (2024) y ‘La clase de griego’ (2023).
Como a veces ocurre, la adjudicación del Premio Nobel este año recayó sobre una escritora que no había generado grandes expectativas entre lectores y críticos literarios. Los “devoradores de libros”, aunque sorprendidos, reconocen que la Academia Sueca tendrá sus razones y, por consiguiente, muchos aspectos destacables encontrarán en las obras elogiadas. Por nuestra parte, nos limitaremos a reseñar solo ‘La clase de griego’, la única que hemos leído hasta el momento. Pero no privaremos a los lectores de esta columna del placer de conocer algunos datos sobre otras novelas de esta escritora asiática. Son fragmentos textuales, en algunos casos, y comentarios ajenos, en otros.
Sobre ‘La clase de griego’: “En Seúl, una mujer asiste a clases de griego antiguo. Su profesor le pide que lea en voz alta, pero ella permanece en silencio; ha perdido, en solo seis meses, a su madre y la custodia de un hijo de ocho años. Un día, en plena clase, perdió también la capacidad de hablar. Al pasar a ser una persona muda, de repente, se convertirá en símbolo de su soledad y de su sensación de insignificancia frente al mundo. Pero cuando aún podía hablar, ella era una persona de voz queda; simplemente, no le gustaba acaparar espacio. En el metro o en la calle, en una cafetería o un restaurante, nunca hablaba en voz alta ni llamaba a voces a alguien. A pesar de ser delgada, andaba con la espalda y los hombros encogidos para ocupar menos espacio”.
Por su parte, el profesor, que acaba de regresar a Corea del Sur después de pasar media vida en Alemania, también afronta pérdidas: su vista empeora irreversiblemente a cada día que pasa, y convive con el miedo de saber que cuando llegue la ceguera total, perderá toda autonomía. Sabía que algún día las gruesas gafas y la lupa de las que se valía, serían insuficientes. Se cumpliría el diagnóstico médico que una vez le dieron: “Quizá se vaya a quedar totalmente ciego dentro de unos pocos años”.
Un crítico literario comenta: “Con una belleza inusitada, las voces íntimas de estos dos protagonistas se intercalan y se cruzan en un momento de desesperación. ¿Será posible que encuentren en el otro el modo de salvarse, que la oscuridad dé paso a la luz y el silencio a la palabra?”.
Para hablar de ‘Tus manos frías’ hay que acudir a la opinión de otro crítico, quien en la publicación WMagazín afirma: “Es su primera novela. Reproduce un manuscrito dejado por un escultor desaparecido que está obsesionado con hacer moldes de yeso de cuerpos femeninos. Hay una preocupación por la anatomía humana y el juego entre la persona y la experiencia, donde surge un conflicto en la obra del escultor entre lo que el cuerpo revela y lo que oculta”.
A principios de este diciembre, la editorial Random House reeditará la novela ‘Actos humanos’ y publicará por primera vez en español ‘Imposible decir adiós’. Cuando leamos esas dos novelas, que tratan sobre temas políticos de famosas matanzas históricas en Corea del Sur, podremos acercarnos más a la ganadora del Nobel de este año. Mientras tanto, citemos una de sus frases, consignada al final de la novela ‘Tus manos frías’: “La vida es una sábana que se arquea sobre un abismo, y vivimos sobre ella como acróbatas enmascarados”.
Columna: Acotaciones de los Viernes
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