¿Mexicanización de Colombia?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

La caída del cabecilla de los "urabeños", alias Giovanni, desató una insólita situación en Colombia: la parálisis de varias ciudades en seis departamentos ordenada por su hermano, alias "Otoniel". Los amenazantes panfletos que circularon en las distintas poblaciones mostraron el poder intimidatorio de esa banda, al punto que el pasado jueves varias ciudades, entre ellas Santa Marta, parecían desoladas poblaciones de las novelas de Gabo.

Nadie se atrevió a salir, los comercios permanecieron cerrados, no circularon vehículos de transporte público, ni siquiera los mototaxistas. Dos taxis que salieron a buscar el sustento fueron incendiados. El ventaneo y el cotilleo estuvieron a la orden de día como en los tiempos pretéritos de nuestra ciudad, cuando las gentes indiscretas presenciaban el discurrir de la vida diaria desde sus pequeñas atalayas para cotorrear después con el vecindario. La respuesta del alcalde fue la rápida y total militarización de la ciudad, como primera acción visible para controlar la situación y dar un parte de tranquilidad a los samarios. Sucesivos consejos de seguridad, el último con presidente y ministro de defensa a bordo, dieron como resultado la captura de varias personas en cuyo poder se encontraron armas, anuncio de acciones específicas contra la bacrim, las declaraciones del presidente notificando la persecución de los urabeños hasta el final", recompensas y el mantenimiento de tropas en las zonas afectadas.

Este acontecimiento rememora las batallas por el control de las favelas y el tráfico de drogas que se libra a permanencia en Rio de Janeiro y en Sao Paulo, así como la declaratoria de guerra de los carteles de la droga de México en el estado de Sinaloa. Y más remotamente, las guerras que contra el estado colombiano libró el cartel de Medellín en cabeza del abatido Pablo Escobar en los años ochenta. La gente tiene miedo, y con toda razón: la violencia desatada en ese entonces por el capo antioqueño dejó muertos y secuelas imborrables en la memoria colombiana. No se sabe aún del poderío militar y la capacidad económica de "los urabeños" para desafiar al estado, pero este episodio ha marcado el derrotero de las noticias policiales y judiciales del año que comienza. De cualquier modo, no es un juego de niños y la respuesta del gobierno debe ser tan contundente como lo fue ataño cuando Pablo Escobar lanzó el guante, recogido por el estado y respondido con el desmantelamiento de los carteles de entonces, incluyendo la detención de muchos de sus cabecillas y la baja de otros. Por los lados del Palacio de Nariño, el presidente y exministro de defensa, sabe del tema y ha sido capaz de enfrentar con éxito el desafío planteado por la guerrilla; en cuanto a Santa Marta, el actual mandatario distrital tendrá muchos frentes que atender en ésta coyuntura, en el entendido de sus conocidas pugnas.

En el país azteca, la violencia generada por los carteles de la droga fue denominada "la colombianización de México"; análogamente, el abierto desafío de las bacrimal estado colombiano y las instituciones formales se pueden llamar "la mexicanización de Colombia". Los parecidos son asombrosos al punto que parecen salir de libretos calcados. Lo importante es que cada nación comparta con la otra las experiencias exitosas en tales enfrentamientos; del intercambio de información y de la mutua cooperación entre ambas naciones pueden surgir las soluciones a estos conflictos, sin dejar de lado el tratamiento multilateral del problema del narcotráfico como el gran motor de esta agobiante violencia con los países involucrados en toda la cadena productiva, incluyendo temas imbricados como la venta de precursores, insumos, agroquímicos, armas y tecnología, amén del lavado de activos.

Apostilla 1. La designación de Pekerman como director técnico de la selección absoluta de fútbol ha sido bien recibida en general. Se rompe una línea que había sido relativamente exitosa, a la que también se le ha criticado duramente por la imperdonable ausencia del combinado nacional en los últimos tres Mundiales de selecciones. Los directivos de la federación de fútbol no son de la simpatía nacional, entre otras cosas por manejos cuestionados, la terquedad en insistir en un sistema que no funciona y su marcada distancia al clamor de los aficionados. Esta vez tienen la oportunidad de reivindicarse con el nombramiento de un técnico que ha demostrado conocer el camino del éxito con esta clase de equipos. Desde ya, le deseamos éxitos al nuevo entrenador nacional.

Apostilla 2. Cayó bien el nombramiento en el gabinete del nuevo alcalde de Bogotá del abogado samario Eduardo Noriega. Su trayectoria en la vida pública le augura laureles en su gestión al frente de tan importante cargo. Éxitos, Eduardo.

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