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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Crecen las voces que aseguran que el presidente ruso, Vladímir Putin, estaría detrás del apoyo al grupo terrorista Hamás a través del suministro de armas en el ataque y la posterior guerra contra Israel. Esto, desde luego, tiene tantas posibilidades de ser verdadero como de no serlo. Ciertamente, a Putin le convendría desconcentrar la atención y el presupuesto bélico de los Estados Unidos, enfocado principalmente en Ucrania, aunque con un ojo puesto en Taiwán y China, pero quién puede confirmar esta hipótesis temeraria. Ahora bien, si llega a ser real esta presunción, lamentablemente cabría esperar la conformación de dos bloques bien definidos de combatientes en el ombligo de ese Oriente Próximo, a semejanza de lo que viene ocurriendo en Europa desde hace un año y medio. 

En simultáneo, se considera también la especie de que el Gobierno de Benjamín Netanyahu, sin gobernabilidad previa, pudo haber sabido anticipadamente del reciente asalto de Hamás, y que, por una razón de frío cálculo, tal no se habría evitado por parte de las poderosas fuerzas de inteligencia militar israelí. Lógicamente, al hallarse invadido el país por parte de los terroristas, ¿qué le quedaba a Netanyahu sino devolver el ataque, ojalá con brutalidad “patriótica”? Así se superan las crisis políticas desde siempre. Sea como fuere, si se verifica negligencia deliberada del actual Gobierno israelí en la prevención del ataque de Hamás, la sanción electoral posterior podría hacer de esta guerra algo eterno, puesto que aún no es imposible una ultraderechización de la sociedad judía.

Recuérdese que a fines del año pasado ya se eligió, con Netanyahu a la cabeza, “el Gobierno más derechista en la historia de Israel”, y que, en concordancia, la coalición gobernante se considera antiárabe y desinstitucionalizadora. Pues Likud, el partido liderado por el primer ministro, viene a ser en la práctica más bien una estructura de centroderecha, comparada con algunos de sus socios radicales de hoy. Es fácil suponer que Hamás habrá tomado la elección de diciembre último en Israel como una declaración de guerra de facto, a partir de la cual más valía pegar primero. (Por lo demás, mientras se reacomoda la geopolítica, en desarrollo de una guerra que parece imparable, el Gobierno colombiano se autoinvita, como un extraño y bocazas mediador parcializado, a donde nadie lo llamó).

Este domingo, en Argentina, se podría elegir como presidente a quien ha sido llamado ficha de Israel, en un país con más de un millón de judíos entre su población: Javier Milei. El exfutbolista amante de los perros que cumplirá cincuenta y tres años ese mismo día, ha traído a la discusión del ciudadano promedio los conceptos más fundamentales de la libertad económica, que es para él el resumen de todas las libertades, con la consecuente drástica reducción del tamaño e importancia del Estado (no en vano la visión estatista de la sociedad es la misma de la izquierda “decrecedora” de riqueza). Sería la prueba dos de tres para el economista antes de terciarse la banda albiceleste en diciembre y empezar a mejorar las opiniones presidenciales en Suramérica. Nada mal para esta parte del orbe que poco tiene que ver directamente con ninguna guerra mundial, y que así debería seguir.



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